¿Qué hacer en Tallín? Capítulo 2.

¿Qué hacer en Tallín? Capítulo 2.

En Tallín hay varios museos. De algunos de ellos ya os hablaré más adelante. Entre todos, hay uno que puedes disfrutar con la familia, paseando y que además, te permite hacer un recorrido por parte de la historia de Estonia.

Se trata del museo al aire libre de Estonia.

Visitar el museo al aire libre de Estonia.

Este museo se encuentra en las afueras de Tallín, muy cerca del Centro Comercial Rocca al Mare.

Estonian Open Air Museum

La mejor forma de ir es en coche, pero si no dispones de uno, el autobús es tu mejor opción.

En mi caso, ya que me estoy alojando cerca del centro, me dirigí a la parada de autobuses/trolebuses que hay situada junto al Centro Comercial Solaris.

Solaris keskus

Tenéis que coger el trolebús número 6, ya que este os deja muy cerca del museo. El precio por trayecto es de 1.60 euros, que puedes abonar en el mismo bus al conductor. Para estudiantes y personas mayores, el precio es de 0.80 euros. Pasa un trolebús cada pocos minutos, así que no tendréis que esperar mucho tiempo.

Tras unos quince minutos, llegaréis a las inmediaciones del Rocca al Mare. Hay una parada justo donde empieza el centro comercial. No os bajéis ahí (como hice yo) ya que más adelante hay otra que os quitará andar un poco. Se llama Haabersti.

Estonian Open Air Museum

Para que os orientéis, la parada en la que debéis bajaros queda justo frente al Pabellón Saku.

Estonian Open Air Museum

Una vez aquí, hay que andar un poco, siguiendo los carteles, hasta llegar a la entrada al museo.

Si no queréis andar, justo a la entrada del museo paran los autobuses número 21, 21A y 21B. Puedes cogerlos en la parada de autobuses que hay nada mas llegar al Rocca al Mare. Te bajas ahí del trolebús número 6 y esperas a uno de estos. De todas formas, el museo no queda lejos y se puede ir bien dando un paseito.

Ruta bus

Hagas lo que hagas, ya sea en bus, coche o andando, cuando llegas a la entrada al museo te encuentras con un edificio bajo en cuyo interior hay un mostrador y una tienda de artículos de regalo (algo carilla, por cierto). En la puerta tienes información útil, como los horarios, días de acceso gratuito y días en los que cierran. En la pared del mostrador tienes información de precios.

En mi caso, como se trata de temporada baja, la entrada solo me cuesta 5 euros. Como cosa negativa, por ser invierno, únicamente hay 5 zonas abiertas (las casas, me refiero). El resto se puede observar desde fuera, pero no entrar en el interior. Que se le va a hacer… En el mapa que viene en la parte posterior de la entrada nos indican que lugares son los que podemos visitar al completo. Puedes adquirir un mapa tamaño folio en color por el módico precio de un euro.

Estonian Open Air Museum

Nada más entrar, lo que ves es bosque y caminos hacia varios lados. Es una buena idea dirigirse al mapa gigante que encontrarás allí para planear una ruta con el objetivo de verlo todo de una forma inteligente, ya que las distancias son grandes como para estar deambulando sin rumbo. Una buena ruta puede ser coger inicialmente el camino exterior (con un perímetro de varios kilómetros), para luego pasar al interior. Haciendo esta especie de espiral de fuera a dentro, lo ves todo y no tienes que volver a andar caminos.

Estonian Open Air Museum

Una vez decidido el camino a seguir, toca ponerse a andar. Cogemos el camino de la derecha y pronto empezamos a encontrar aldeas que te transportan a otra época.

Lo que han hecho es traerse chozas y aldeas enteras de donde estaban, y reconstruirlas. En verano, si lo tienen todo abierto, tiene que ser muy curioso de visitar, ya que encontrarás herrerías, carpinterías, cuadras, y todo tipo de construcciones de varias épocas. !Incluso alguna sauna!

Casi en cada cruce, tendrás carteles indicándote hacia dónde te lleva el camino en cuestión y, lo más importante, la distancia a la que se encuentran. Como os dije al principio, se trata de distancias a tener en cuenta, por lo que es mejor tomarselo con tranquilidad y disfrutar de todo lo que hay que ver.También hay carteles en las construcciones en los que te hablan sobre las mismas.

Una cosa curiosa son los aseos. Hay varios repartidos estratégicamente. Se trata de pequeñas cabañítas muy chulas con un retrete en su interior cuya salida es un boquete en el suelo. Como una letrina.

Estonian Open Air Museum

También es interesante ver como han empleado el terreno para instalar según que cosas. Por ejemplo, los molinos los han puesto en las zonas más elevadas y en la costa, han construido un pequeño pueblo de pescadores.

Una vez hemos recorrido todo el perímetro exterior (unos 2.5 kilómetros) nos dirigimos hacia el anillo central. Es en esta zona donde se encuentran los edificios que están abiertos al público en esta época.

El primero que encontramos es una casita en la que incluso hay una señora haciendo ganchillo. Nos asusta al entrar, ya que no la esperábamos ahí sentada en su mecedora.

En la pequeña cocina hay té en el fuego. Los muebles son muy antiguos y el resto de objetos que la decoran también. Es todo muy acogedor. Con el frío que hace fuera, dan ganas de sentarse y quedarse ahí un buen rato.

Lo siguiente que encontramos es una escuela. También está decorada de época. Hay varios niños haciendo actividades y una profesora que da un poco de miedo. El resto, muy curioso también.

Ahora llegamos a la tienda. Es lo que más me ha gustado. Puedes ver la despensa, llena de productos antiguos, y la tienda en sí, que es un museo. Así debían ser hace muchos años. Hay dos dependientas y puedes comprar algunas cosas.

Para finalizar, nos dirigimos a la taberna. Nada más entrar te encuentras con un gran salón en el que enormes mesas te hacen pensar que en verano esto debe llenarse de gente. Al fondo, hay una habitación más pequeña y acogedora donde se encuentra una señora que atiende el lugar. Nos pedimos un café por descansar un rato y, como no, por disfrutar un rato más de este lugar.

Tras el café, llega la hora de marcharnos y volver al hotel. Pese al frío y a no poder ver todo por dentro, ha sido una visita que nos ha gustado mucho. Al final habremos andando unos cinco kilómetros, por lo que también cuenta como deporte :).

Hemos conocido como eran las casas y las aldeas estonias en diferentes épocas y hemos disfrutado de una mañana respirando aire puro. Totalmente recomendable.

Si vais con niños, podéis alquilar unos carritos para llevarlos si se cansan. También se pueden contratar paseos a caballo o en carromato (aunque esto solo en verano).

Estonian Open Air Museum

Resumiendo: un lugar muy bonito y cultural para disfrutar solo o en familia, al que hay que ir sin prisas y con ganas de aprender y observar.

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