Viaje a Estonia 2

Viaje a Estonia 2

(30 enero a TBD de 2015)

Segunda entrada desde este pequeño país, tras alcanzar el ecuador de mi estancia en él.

Caminata por el río Jägala (15-05-15)

Nos habían recomendado ir a ver una catarata que queda muy cerca de Tallín, a una media hora en coche. Aprovechando que teníamos un domingo libre, pensamos en ir a verla y de paso, hacer una caminata por el bosque hasta alcanzar el mar, siguiendo en cauce del río Jägala.

Teniendo en cuenta lo llano que es este país, una catarata aquí no debe ser gran cosa, pero la caminata por el bosque seguro que merece la pena.

Como no sabemos si encontraremos algún sitio para comer, durante el desayuno nos preparamos unos bocatas de reserva, para llevarlos en la mochila junto con agua de sobra y ropa de abrigo. Hay que ir preparado!

Salimos tras desayunar y antes de que nos diéramos cuenta ya estábamos llegando. El camino es muy fácil, ya que solo hay que seguir la carretera E20 durante unos pocos kilómetros.

Jägala Yuga

Cuando ya sales de la E20, comienzas a ver carteles que indican donde está la cascada. Nosotros nos pasamos el primer cartel, ya que el navegador nos indicaba otro camino.

Jägala Yuga

El navegador nos llevó a la cascada, pero a la otra orilla del río. Fue una suerte no hacer caso del cartel, ya que desde este lado la catarata se ve mucho mejor.

Me llevo una grata sorpresa, ya que es mucho más grande y bonita de lo que esperaba. Son unos ocho metros de alto y 50 de ancho.

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Todo el muro esta cubierto de musgo, y aun quedan carámbanos de hielo en los alrededores. Por lo que dicen, en pleno invierno, la catarata se congela por completo.

Sacamos unas cuantas fotos más, y cogemos de nuevo el coche para ir a la otra orilla, ya que allí hay un aparcamiento para coches, donde podremos dejar el nuestro mientras nos damos la caminata.

En solo unos minutos ya tenemos el coche aparcado en la otra orilla.

Jägala Yuga

Continuamos sacando fotos del lugar. Esto es muy bonito.

Cuando ya hemos sacado todas las fotos que queríamos, vamos a por las mochilas y comenzamos la caminata. Nuestra idea es seguir el cauce del río hasta llegar al mar. Comer allí y volver.

Nuestro plan no tarda mucho en complicarse ya que, al poco de comenzar a andar, nos encontramos con un afluente que nos corta el paso. Miramos por si hay algún paso, pero no lo hay. Toca deshacer un poco el camino para encontrar como atravesarlo.

Tras consultar el mapa, vemos que hay un pequeño puente que nos permite atravesar el afluente y volver al cauce principal del río. Para llegar al puente tenemos que pasar por un pequeño pueblo, de casas  de lujo. En especial, hay una enorme, con varios cochazos aparcados en el interior, césped como para jugar un mundial de fútbol, y dos preciosos pastores alemanes sueltos por el jardín. Yo quiero una casa así!!!

Jägala Yuga
Atravesamos el afluente y por fin comienza nuestra aventura. Tras seguir un camino, decidimos salirnos del camino principal para ir a través del bosque. Hay un pequeño sendero que seguimos durante un buen rato.

Esta parte la disfrutamos mucho, ya que el paisaje es espectacular. No se oye nada, a excepción de algún que otro pajarillo, y el ruido de fondo de la cascada, que aún se oye. La animada charla pasa poco a poco a un respetuoso silencio, para tratar de integrarnos en la naturaleza que nos rodea y, por qué no, tratar de ver algún animal que otro.

No llevamos mucho caminado cuando nos encontramos con los primeros obstáculos. Como después veríamos, hay muchos árboles caídos en el bosque y algunos de ellos bloquea el sendero.

Jägala Yuga

Unas veces rodeamos los troncos y otras los saltamos o pasamos entre medio, pero nada consigue detener nuestro avance.

El paisaje sigue siendo impresionante. Arboles y más arboles a nuestro alrededor.

El sendero desemboca en el río de nuevo, y podemos apreciar que el caudal ha aumentado mucho. ¡Que bonito es esto!

En este punto volvemos a consultar el mapa, y vemos que hay un camino cerca, pero decidimos seguir campo a través. Así será mas divertido.

Continuamos, y notamos que el suelo y la vegetación se vuelve más húmeda. Nuestros pies se hunden en una mezcla de fango y hojas en descomposición, y hay musgo cubriéndolo todo. Esto parece el país de las Hadas (esperemos que no sea el de los Troles).

Caminamos y caminamos, campo a través, ya no hay sendero que seguir, hasta que llegamos a una valla con un cartel. Tras consultar en “San Google”, resulta que pone que está prohibido el paso, así que ya no podemos seguir avanzando en esa dirección.

Bordeamos la valla y seguimos adelante. Aunque sabemos que el camino queda cerca, preferimos seguir a la trocha. ¡Que no se diga!

Atravesamos ríos sobre troncos caídos, enormes extensiones de tundra helada y bosques tan cerrados y oscuros que ni los de la selva negra. Somos unos grandes exploradores.

Buenos. Quizás solo se tratara de pequeños riachuelos y algún caminillo con nieve, pero la ilusión y la fantasía son muy importante, y más en una aventura campestre como esta.

Tras caminar un rato por un cortafuegos en el que aun hay bastante nieve (y sobre todo, hielo), vemos una señal de camino (o eso parece) que se adentra en la espesura. ¿Quién dijo miedo?

Al principio no se ve que haya un camino o sendero muy marcado, pero seguro que lo encontramos. Seguimos adelante como podemos.

Enseguida vemos que ni camino ni leches. Esto se complica por momentos ya que la vegetación se va espesando y comienza a costar caminar.

En esa estamos cuando vemos una especie de cueva o madriguera de un tamaño importante.

Jägala

Los valientes exploradores se acojonan por momentos y deciden seguir camino sin pararse a mirar, no sea que salga algún bicho tipo oso de la misma.

Antes habíamos encontrado otro boquete, mucho más grande, pero al acercarnos vimos que por dentro estaba construido de ladrillo. Debía de tratarse de algún refugio de cazadores o similar. Este sin embargo, de hecho por el hombre, nada. Vamos que nos vamos.

Tras avanzar lentamente debido a los obstáculos que la Madre Naturaleza nos va poniendo (más ramas, arboleda espesa y riachuelos helados), volvemos a encontrarnos con el río. Ahora si que es amplio, y a lo lejos se divisa una presa.

En este último tramo hemos gastado muchas energías y mucho tiempo. Ha habido momentos en los que la vegetación era tan espesa que teníamos que andar con los brazos protegiéndonos la cara, para evitar arañarnos con las ramas. Como aún queremos llegar al mar, y si seguimos a este ritmo no lo conseguiremos, decidimos continuar por el camino.

Jägala

Tras lo que hemos pasado, este caminillo nos parece toda una autopista. Qué cómodo se va por aquí.

Jägala

Avanzamos rápido, aunque volvemos a elegir “la trocha” alguna que otra vez, lo que nos complica el avance y nos obliga a atravesar los terrenos de algún paisano que otro. Ya queda muy poco para llegar al mar.

Por desgracia, tras pasar cerca de un campo de golf, nos encontramos con otra valla imposible de sortear. No nos queda más remedio que deshacer camino. Esto nos lleva a replantearnos nuestra estrategia. Tendremos que atravesar el río y alcanzar la costa desde la otra orilla. Para hacer esto, tenemos que volver un buen tramo y atravesar la presa que habíamos visto antes. ¿Llegaremos alguna vez a la costa?

Tras un rato, siguiendo el camino, eso si (nada de campo a través esta vez), divisamos por fin la presa. Mucho antes de verla, ya se oía el salto de agua, un ruido atronador por cierto.

Con tanto espíritu aventurero y tanto ir a la trocha, se nos ha hecho muy tarde. Es ya la hora de comer y aun nos falta un buen trozo antes de llegar al mar. Decidimos parar un rato para comer y descansar. Divisamos una zona soleada al otro lado de la presa, con banco de madera incluido. Para allá que nos vamos.

Tras muuuuchas horas caminando, nada mejor como sentarse en un banco de madera, al solecito, a degustar una botella de agua y un bocata. ¡Esto es vida!

Tras un merecido descanso y reponer fuerzas, toca seguir caminando. Como ya no queda mucho para que anochezca, vamos directos siguiente la carretera.

Jägala

Tras otro buen rato de caminata, llegamos al desvío que da al mar. ¡Por fin! Seguimos un sendero y comenzamos a notar arena bajo nuestros pies. Ya estamos aquí.

No es el tipo de playa a la que estamos acostumbrados los españoles. Se parece más bien a una playa virgen africana. La vegetación llega casi hasta la misma orilla, no hay urbanizaciones ni hoteles, y está todo demasiado salvaje.

Hay algo raro en la orilla. ¿Espuma? Nos acercamos a ver, y para nuestra sorpresa, se trata de… ¡hielo!.

Toda la orilla esta cubierta de trozos de hielo. El agua, como os podéis imaginar esta muy muy fría. Como para darse un bañito…

Nos quedamos unos minutos disfrutando del paisaje y de la tranquilidad y ponemos rumbo a nuestro punto de salida: la catarata de Jägala.

Nos dejamos de tonterías, ya que se va haciendo tarde, y vamos por caminos, lo que hace que en un tiempo record volvamos a estar en nuestro coche. Ya solo queda volver al hotel, donde nos daremos una merecida ducha y cenaremos para reponer energías.

Hemos pasado un muy buen día. Una gran aventura, divertida y saludable. Los tramos de campo a través, inmejorables, preciosos, aunque cansados. La costa, diferente, fría, pero con el encanto de no estar urbanizada y de estar prácticamente virgen.

En total hemos estado unas cinco horas y hemos recorrido casi 20 kilómetros. Teniendo en cuenta las múltiples paradas para echar fotos, la de la comida y los terrenos abruptos recorridos, no está nada mal. Totalmente recomendable.

 

 

5 comentarios sobre “Viaje a Estonia 2

  1. La cascada es preciosa, los paisajes que vimos durante la caminata muy bonitos también, sobre todo diferentes a los que nos encontramos por España. Si tenéis la oportunidad es totalmente recomendable.
    P.D: Tenemos que repetirlo por la otra rivera y llegar hasta el golfo de Finlandia…

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  2. Me gustaría comentar tan digno viaje y lo primero es que…que decir la cascada, digna sobrina de su tía Niágara. Y de la presa….siendo la de Dover un granito de arena ante tanta magnificiencia.
    Luego esos caminos llenos de dificultades y solo comparables a la selva amazónica, donde evitar los troncos y ramas caídas se convierte en toda una aventura. El tamaño, como se puede ver, es impresionante. Hubo que sortear las ramas por debajo, arrastrándose por el suelo ante la imposibilidad de cruzarlos por arriba o rodearlos.
    Los ríos con aguas bravas, afluentes del Nilo llegó a ser lo máximo de la aventura. Al no
    disponer de balsas fue muy buena la idea de cruzarlos con tirolinas.
    Y finalmente esa llegada al mar……que impresionante llegar a la orilla y encontrarte esos icebergs…..como para no hacerse fotos con éllos.
    En fin, una aventura para no olvidar.

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