Viaje a Costa Rica

Viaje a Costa Rica

(25 noviembre al 11 de diciembre de 2013)

Por fin me pongo a contaros un segundo viaje. He tardado un poco, no ya por falta de tiempo (que también), sino porque no sabía como lo iba a hacer.

Creo que por muy bien que sea capaz de expresar lo que viví en este viaje, me voy a quedar corto, y por mucho.

Seguro que todos tenéis un lugar soñado al que pensáis que nunca podréis ir. Un viaje de ensueño que nunca pensáis que se pueda hacer realidad. Pues bien, para mí, ese lugar, ese viaje, era Costa Rica.

Siempre lo había visto como un lugar demasiado lejano, demasiado bueno para poder convertirse en realidad. Y era así, hasta que los planetas se alinearon el año pasado y por fin, al fin, pude ir.

Resulta que ir a Costa Rica no era solo mi sueño. También lo era para otra persona, una muy buena amiga. Un día hablando de viajes salió el tema, y decidimos que iríamos juntos.

Tuvimos que esperar varios meses, por varias circunstancias, y apunto estuvo de que tuviéramos que cancelarlo, pero al final, pudimos realizar nuestro viaje soñado.

Echando la vista atrás, creo que la espera mereció la pena ya que, sin lugar a dudas, ha sido el mejor viaje de mi vida (y llevo unos cuantos).

No llevábamos nada planeado, fue una gran aventura, con muy buena compañía y con un paraíso por descubrir. ¿Qué más se puede pedir?

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Comenzamos…

Como ya os he contado, fue casualidad que, hablando con una gran amiga, surgiera el tema de Costa Rica. Con las ganas de ir que teníamos los dos, no es de extrañar que en poco tiempo hubiéramos decidido que íbamos a ir.

Inmediatamente nos pusimos a leer sobre el país, y vimos que la mejor época para ir era justo cuando está acabando la época lluviosa. Por un lado el tiempo no es tan lluvioso, y por otro, aún no hay mucho turista. Noviembre fue el mes elegido. Aun quedaban unos cuantos meses, pero había que esperar.

Durante todo ese tiempo, entre otras cosas, nos dedicamos a buscar información sobre qué sitios ver y qué hacer, alojamientos, e información general.

Lo que si hicimos pronto fue comprar los billetes de avión. Gracias de nuevo a mi tarjeta de puntos, conseguimos unos billetes muy baratos. Hay varias compañías aéreas con la que poder ir a Costa Rica desde España, pero solo con una puedes hacer el trayecto Madrid – San José directo, sin pasar por Miami (las demás pasan todas por allí, con los inconvenientes que esto ocasiona). Así que, pese a no estar dentro de la lista de mis compañías favoritas, elegimos volar con Iberia.

Ya teníamos los billetes. Como había alguna posibilidad de que tuviéramos que cancelar o retrasar el viaje (cosa que al final casi sucede), no quisimos reservar nada más. Tocaba esperar unos meses.

Transcurrido el tiempo, y cuando pudimos confirmar que finalmente el viaje lo podríamos hacer, decidimos que no íbamos a llevar nada reservado. Iríamos a la aventura total. Así que, el día 25 de noviembre, cuando nos sentamos en el avión que nos llevaría a nuestro sueño, solo teníamos eso: un billete de avión en el bolsillo. Nada más. Bueno, si, también llevábamos Colones, la moneda de Costa Rica.

Aprovecho para decir que los billetes de Costa Rica son de los más bonitos que he visto circular. He aquí una muestra:

billetes

Tratamos de cambiar en algunos Bancos, pero nos fue imposible. Así que decidimos cambiar algo en el aeropuerto por llevar dinero encima. Esto no es necesario hacerlo ya que luego dispones de cajeros automáticos por muchos lugares, incluso en los pueblos más pequeños (y no te cobran comisiones tan altas como en las oficinas de cambio de Barajas). Además, en algunos sitios, no en muchos, se puede pagar también con tarjeta. Es mejor llevar siempre dinero en metálico para ir pagando los alojamientos y las comidas. Nosotros lo que hacíamos era sacar cuando pasábamos por algún lugar con cajero.

Durante las once horas y media que duró el viaje, tuvimos tiempo de hablar sobre qué lugares nos gustaría visitar, y sobre la información que habíamos encontrado. El avión llegaba por la tarde, así que decidimos que la primera noche la pasaríamos en algún lugar cerca del aeropuerto y que al día siguiente saldríamos rumbo a… ni idea.

Tras varias cabezadas y muchas conversaciones, por fin, llegamos a la capital de Costa Rica. A San José. Nada más bajarnos nos dimos cuenta de lo pequeño que es el aeropuerto. Pasamos los controles rutinarios de seguridad (no hace falta sacar visado) y… ¡ya estábamos en Costa Rica!

Y ahora… ¿qué hacemos? Necesitábamos dos cosas con cierta urgencia: un lugar para pasar la primera noche y un coche de alquiler.

Justo a la salida del aeropuerto vimos unos mostradores en los que ofrecían coches de alquiler. Nos acercamos a uno, y allí pudimos reservar un pequeño todo terreno, un Suzuki Jimmy. Muy caro, la verdad, y muy pequeño. No obstante, a posteriori pudimos disfrutar mucho de el, y fue mas que suficiente para lo que necesitamos.

La empresa de alquiler de coches no se encontraba en el aeropuerto. Nos trasladaron en un autobús y allí, tras hacer el pertinente papeleo, nos entregaron a nuestro flamante Jimmy blanco. También alquilamos un navegador y un mapa, que nos resultaron muy útiles durante todo el viaje.

Tras recoger el coche, nos pusimos a buscar alojamiento para pasar la primera noche, y mientras, la noche se nos echó encima.

Tras probar en varios lugares baratos, que estaban llenos (y mejor que fuera así, porque estaban en barrios con muy mala pinta, y cuando digo mala, es muy mala), nos decidimos por un hotel que habíamos visto al pasar junto al aeropuerto. Nos quedamos en el “Holiday Inn Express San Jose Airport”. Se subía un poco de precio pero, después de mas de once horas de vuelo, ser de noche, y no encontrar otro sitio, fue la mejor opción.

Nos gustó mucho, así que reservamos habitación para la vuelta. Además, nos informaron que al hacerlo tendríamos un descuento importante y además nos llevaban al aeropuerto. Aquí tenéis un enlace con más información:

http://www.ihg.com/holidayinnexpress/hotels/us/es/san-jose/sjoap/hoteldetail

Y así termina el primer día. Muchas horas volando. Alquiler de un mini coche todo terreno. Búsqueda por barrios chungos de una habitación para dormir. Alojamiento en un hotel más que decente.

Cenamos y nos pusimos a pensar en qué hacer al día siguiente. Aunque no lo llevábamos en nuestra lista de “sitios a visitar”, salió el tema de “Puerto Viejo”. Alguien nos había dicho que estaba muy bien, así que decidimos empezar por ahí. Cualquier sitio era bueno, y tratándose del Caribe, muy mal no podía estar.

Comentarios:

  • Creo que es mejor reservar el coche antes de salir de España, ya que así podréis conseguir mejores ofertas.
  • En todas las guías aconsejaban “no conducir de noche en Costa Rica”. Nada mas llegar, rompíamos esta regla, a la que luego fueron sumándose otras muchas. Hacer lo que se suponía no había que hacer, se convirtió en una especie de reto, de juego ;).
  • También aconsejaban evitar grandes ciudades (algunas zonas de San José, Limón) por seguridad.
  • No viene mal llevar en el móvil mapas varios de Costa Rica. A nosotros nos fueron muy útiles algunas veces. No esperar a llegar para hacerlo, ya que en muchas zonas no tendréis cobertura móvil.

Primer día en Costa Rica. El paraíso existe.

Comienza al día dos (aunque el primero completo en Costa Rica). Por delante nos quedan 216 Km. de viaje en coche para llegar a un lugar desconocido que alguien había dicho que no estaba mal. Yo la verdad, no iba muy convencido, ya que había leído mucho sobre Costa Rica y este lugar ni me sonaba. No obstante, teníamos tiempo para ver mucho y por algún lugar había que empezar.

Cuando uno ve que tiene que recorrer 216 Km. en carretera, piensa “llegaremos en un par de horas”. En Costa Rica, este tiempo hay que multiplicarlo por tres o por cuatro. Las carreteras no son precisamente buenas, pero eso te permite poder disfrutar más del viaje. Por el camino, empezamos a conocer y a ver lo hermoso y maravilloso que es este país: naturaleza en estado puro, o “pura vida” como dicen por allí.

A la hora de comer pudimos probar uno de los platos más típicos costarricenses: el casado. Este plato está compuesto de carne de ternera o pollo en salsa, acompañado de arroz, frijoles, plátano, ensalada o puré. También puede ir acompañado de huevo o aguacate. Es sin duda el plato que más comimos. Esta muy rico y puedes variarlo como quieras. Además, es muy barato.

Casado de pollo

Cuando llegamos a Puerto Viejo buscamos alojamiento. Nos quedamos a dormir en unas “cabinas”. Es la forma más económica de alojamiento. Se reduce a una habitación con una cama. El cuarto de baño puede ser comunitario o estar dentro de la habitación, y si hay agua caliente, lo indican. Si no pone nada, es que solo hay agua fría (esto lo aprendimos tras sufrirlo en nuestras carnes).

Cabinas Talamasca

Aprovechamos la tarde para ir a la playa (¡qué playa!) y para dar un paseo por el pueblo. A todo esto… ¿Quién dijo que Puerto Viejo no merecía la pena? ¿Dije eso antes? Si es así, merezco perecer quemado en la hoguera por blasfemo. ¡Qué lugar! Es un paraíso. Playas caribeñas de ensueño, ambiente rastafari/surfero/hippie, un pueblecito con muchísimo encanto, una comida para chuparse los dedos, y unos zumos de fruta increíbles.

Comentarios:

  • Como no llevábamos nada reservado ni nada preplaneado, teníamos libertad total. Era durante la cena normalmente cuando decidíamos que hacer al día siguiente. Esta vez, no hizo falta ni esperar a la cena, ni pensar nada. Nada más llegar a Puerto Viejo, decidimos que nos quedaríamos un día más allí (aunque alguna se habría quedado a vivir para siempre).
  • Paseando conocimos a un español que se había quedado a vivir allí y trabajaba en una agencia de turismo. Nos ofreció ir a hacer snorkeling al día siguiente, cosa que aceptamos. Mas tarde conocimos a más españoles que lo habían abandonado todo para quedarse a vivir en Puerto Viejo. Podréis pensar que están locos. Yo, después de estar allí, pienso todo lo contrario. Los locos somos nosotros por no hacer lo mismo.

No me voy a explayar en todos los detalles de lo que hicimos en todo el viaje, así que voy a utilizar los apuntes que tomé mientras estuvimos allí. Si alguien tiene interés en algún tema en particular, estaré encantado en comentarle lo que necesite.

Segundo día. ¿Nos quedamos?.

Puerto Viejo. Hemos comenzado el día haciendo snorkeling en un arrecife en Cahuita. Ha sido mi primera vez y nunca me habría imaginado que se pudieran tener al alcance de la mano tantos peces de colores increíbles. Luego hemos ido en bote hasta una playa donde hemos hecho senderismo por la selva. Hemos visto monos, serpientes, iguanas, y muchos, muchos más animales en su hábitat natural. La sensación de ir andando solos por un espacio tan bonito y con tanta vida salvaje es indescriptible. Esta tarde, paseíto por el pueblo y a pensar que hacemos mañana.

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Comentarios:

  • ¿Qué hacemos mañana? Pues qué vamos a hacer… ¡quedarnos otro día en Puerto Viejo!

Tercer día. Parque Nacional Manzanillo.

En nuestro mapa habíamos visto que teníamos este parque muy cerca, y nos habían informado que se podían hacer caminatas por el.

Nos acercamos con el coche, en un día lluvioso y con algo de viento. Nada más llegar y aparcar el coche, nuestro primer obstáculo: para empezar la caminata había que atravesar un riachuelo que con la lluvia iba algo crecido. Primera mojada de muchas que nos daríamos en los días restantes. Fuera botas y a mojarse.

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Tras atravesar el riachuelo, comenzamos a adentrarnos en la selva. Siendo un día lluvioso y gris, podríais pensar que lo mejor habría sido volverse. ¡Pues no! Para empezar, no había nadie. Toda la selva para nosotros solos. Además, la sensación de quedarse parado, mirar hacia arriba, y ver como las gotas de lluvia caen sobre ti desde la copa de los enormes árboles, no tiene precio. No he vuelto a tener esta maravillosa sensación, y creedme que es algo único.

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Pasamos varias horas caminando, disfrutando de la selva, de la lluvia, del silencio casi total. Solo la naturaleza y nosotros. Otro día genial.

Por la tarde, paseo por el pueblo, algunas compras y cena en un lugar muy pintoresco.

Comentarios:

  • Importante ir provisto de chubasquero y de varios pares de botas (al menos dos), ya que cuando se moja algo, tarda mucho en secarse por la gran humedad que hay. Una mochila estanca también ayuda. Repelente de mosquito, muy importante también. Una buena cámara de fotos… obligatorio.
  • Durante la cena (muy rica por cierto), repaso a lo vivido durante el día, y pensar qué hacer al día siguiente. Con mucha pena, y tras tres días en “nuestro paraíso”, decidimos coger carretera y seguir visitando otros lugares. Al día siguiente pondríamos rumbo al Volcán Arenal.

Cuarto día. Carretera y manta.

 Nos trasladamos de Puerto Viejo a Volcán Arenal. Más de ocho horas para recorrer 300 Km. Aunque la media de velocidad no ha sido muy elevada, el viaje en si ha sido toda una experiencia.

Llegamos por la noche, y tras algunas vueltas nos quedamos a dormir en unas cabinas situadas junto a la carretera. No nos da tiempo a mucho más. A dormir que mañana será otro día.

Comentarios:

  • Nuestro Jimmy no está hecho para hacer viajes muy largos. Nos da algún problemilla ya que parece que le falta algo de potencia en las cuestas. Gracias a nuestra gran conductora, llegamos a nuestro destino sin novedad.
  • Todo el día en la carretera no significa un día perdido en Costa Risa. El mero hecho de viajar es toda una aventura. Paisajes de ensueño, anécdotas varias y como siempre, naturaleza por todos lados.

Quinto día. Parque Nacional Volcán Arenal.

 Si una cosa teníamos clara antes de venir, era que teníamos que pasar una noche en el Hotel Tabacón. Muy caro, muy lujoso, pero hay que ir. Así que lo primero que hicimos fue ir a reservar alojamiento. 255 euros la noche. Ahí lo llevas. El precio incluye acceso a la zona de spa. Es caro si, pero merece la pena. No te puedes ir de Costa Rica sin haber pasado un día en este hotel.

Aquí podéis encontrar más información del hotel:

http://www.tabacon.com/

Para aprovechar el día, decidimos ir a hacer una caminata durante la mañana por el Parque Nacional. Tienen varios circuitos preparados según dificultad y longitud. Nosotros hicimos uno intermedio. Tras un buen rato por la selva, llegamos a un mirador desde donde se podía ver el famoso Volcán Arenal. Había un poco de niebla por lo que la cima estaba algo cubierta. El paseo mereció la pena y lo disfrutamos mucho.

Durante el paseo tuvimos nuestra primera baja: mis botas. Las dos suelas se despegaron sin razón aparente, y me quede con unas botas rotas para lo que me quedaba de viaje. Les hice un apaño con cinta de embalar y conseguí que al menos me duraran hasta el último día.

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Debido a un resbalón (puede que debido a que mis botas no tenían suela), acabé bastante lleno de barro y mojado. Cansado. Sudado. ¿Qué necesitábamos? Relajarnos en un spa…Qué suerte que nuestro hotel tenga unos de los mejore spa del mundo ;).

Tras comer una de las mejores carnes que he probado en mi vida en un restaurante de carretera (en el que repetiríamos otras veces), volvemos al hotel y nos vamos a la zona de spa.

¿Qué os puedo decir? Nada. Las fotos los dicen todo. ¿Merece o no merece la pena pagar tal cantidad de dinero? Sin duda, si.

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Relajándonos en este otro paraíso, terminamos otro día. ¿Y mañana que?

Comentarios:

  • Se puede disfrutar del spa sin necesidad de alojarse en el hotel. El precio es bastante elevado (creo recordar que unos 90 euros), por lo que merece la pena quedarse a dormir.
  • Vuelvo a reiterarme en la necesidad de llevar al menos dos pares de botas. Si tienes intención de hacer caminatas (cosa que recomiendo encarecidamente) es necesario traerse buen calzado: cómodo, que pese poco y que se seque rápido.
  • Debido a las nieblas, no es fácil ver el Volcán Arenal al completo. Hay que tener paciencia. Nosotros lo pudimos ver mientras comíamos, en el restaurante de carretera.
  • Es mejor hacer la reserva del hotel Tabacón en persona. Miré en algunas páginas de Internet y, además de ser más caro, te obligaban a reservar un mínimo de dos noches. Si vas en persona, puedes reservar solo una sin problemas.

Sexto día. Catarata del río Fortuna.

 Tras despertarnos de un sueño reparador y tomarnos un gran desayuno, nos mudamos de hotel.

El día anterior habíamos visto en las cercanías otro Hotel/Spa, el “Hotel Baldi Hot Springs”. Así que… ¿por qué no darnos otro capricho? Reservamos otra habitación y nos fuimos en busca de las cataratas del río Fortuna.

Gracias al mapa, al navegador y a la buena suerte, conseguimos llegar. Después de un descenso a patas de vértigo (casi 500 escalones que luego habría que subir), llegamos al fondo de un cortado desde donde pudimos disfrutar de las cataratas (dos) del ya citado río, y disfrutar de unos paisajes increíbles.

Tras tanto escalón, de nuevo nada mejor que una buena sesión de relajación y paz en un spa. ¡Vámonos para el hotel!

Aquí tenéis un link con más información sobre el hotel:

http://www.baldihotsprings.cr/

Aunque diferente al del Hotel Tabacón, el del hotel Baldi también merece ser tenido en consideración y disfrutar de ello durante la noche es toda una experiencia.

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Otro maravilloso día pasa. Otro día más en este gran país. ¿Qué hacemos mañana?

Comentarios:

  • Se podría decir que el Hotel Baldi es una versión popular del Hotel Tabacón. Es el lugar al que van los locales a relajarse los fines de semana, por lo que es recomendable quedarse entre semana (para evitar la masificación).
  • Pese a tener un precio más económico, el spa sigue siendo muy bueno.
  • No es recomendable bajar ni subir escalones con unas botas rotas ;).

Séptimo día. Cambiamos de Océano.

 Nos dirigimos al oeste, a la playa del Coco (océano Pacífico). En Puerto Viejo nos habían advertido de que las playas del Pacífico eran mucho peores, pero el nombre de esta playa nos llamó la atención.

Tras algunas horas de viaje, llegamos a nuestro destino. He de reconocer que tuvimos que darle la razón a nuestros amigos. Aunque se trataba de una playa grande y con palmerales que llegaban hasta prácticamente la orilla, el hecho de que estuviera atravesada por varios caños que llevaban la basura al mar, y que el agua estuviera bastante turbia (no como las transparentes aguas del Caribe), hizo que no quisiéramos quedarnos allí por mucho tiempo. Además, el ambiente que se respiraba no era muy sano. Mucho turista borracho y personajes con pinta rara y peligrosa por la calle. Nada que ver con la sensación de paz y tranquilidad de “nuestro paraíso”.

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Dimos un paseo por la tarde, nos alojamos en unas cabinas y a dormir que mañana será otro día.

Comentarios:

  • Muy bonito el nombre, pero como playa, un suspenso.
  • El ambiente por la noche no es muy sano. Solo estuvimos un día, pero esa sensación de intranquilidad y tener que ir mirando para todos los lados, hace que uno no disfrute.
  • Por ahora: playas del Caribe 1 – playas del Pacífico 0.

Octavo día. Por fin le sacamos partido a nuestro Jimmy.

Tomamos rumbo al sur, a Manuel Antonio. Hay un largo trecho, así que tenemos que hacer noche a mitad de camino. Para variar, no miramos nada. ¡Ya encontraremos algún sitio! (o no).

Muy cerquita hay otra playa de la que nos habían hablado: playa Conchal. El nombre viene de que la arena está compuesta de conchas. Teníamos que verla.

¿Qué camino tomar? Según el mapa hay una carretera pequeña que lleva directamente a nuestro destino.

Resultó que de carretera, nada. Caminos de tierra, por donde no pasaría ni una cabra, pero si nuestro Jimmy (gracias sobre todo a nuestra pedazo de conductora, claro). Hasta ahora no habíamos disfrutado tanto (aunque también pasamos un poco de culo en algunos momentos) de nuestro vehículo. Disfrutamos mucho, sobre todo cuando había que vadear algún pequeño río.

Tras nuestro primer rally, llegamos a la playa Conchal. Esto si que es una playa. Nada que ver con la playa del Coco. Era cierto, todo estaba cubierto de conchas, y las aguas, mucho mas claras.

Vimos algunos botes amarrados, así que preguntamos si era posible alquilar alguno. Como no es muy caro, alquilamos un bote para los dos, y nos vamos a hacer snorkel. El agua no está tan clara como en… si, en Puerto Rico… ni hay tantos peces de colores, pero echamos un rato muy bueno. Además, el paseíto en barco no estuvo nada mal.

Tras pasar otro ratito en esta bonita playa, seguimos viaje. Creo que ha llegado el momento de que os hable un poco sobre las carreteras.

Hay una gran carretera que atraviesa todo el país: la carretera Panamericana. Uno puede pensar que se trata de una autopista: error. ¿Quizás una autovía?: ¡error! Por lo que pudimos ver, hay tramos que están más o menos en buen estado, llegando a parecerse a una autovía, y otros que están bastante mal y no llegan ni a una regional de las nuestras. No obstante, para movimientos largos, es recomendable utilizarla ya que te ahorras mucho tiempo. Las carreteras secundarias están mucho peor, quitando algunas que recorren la costa del pacífico, que están incluso mejor que la Panamericana.

Viendo la hora que es, y lo pronto que anochece, pensamos hacer noche en Puntarenas, aunque, para variar, no tenemos nada reservado. Cogemos el coche, y a seguir con nuestro camino.

Tras muchas horas y muchas anécdotas, llegamos a Puntarenas. Nada más llegar nos llama la atención que las casas están protegidas con concertina, y diversos sistemas variopintos de seguridad. Si están así por algo será, ¿no? Es de noche, no conocemos el lugar y nos da mal rollo, así que en cuanto pasamos por un pequeño hotel que no tiene demasiada mala pinta, paramos. Tenemos suerte y hay habitaciones libres. No son para tirar cohetes, de hecho fueron las peores en las que estuvimos en todo el viaje, pero para pasar una noche valen. Lo mejor del “Hotel Porto Bello” fue el restaurante. Está situado junto a un puerto fluvial, muy bonito, y se come bastante bien y barato. Después de un largo y agotador día de carretera, la cena nos ayudo a recuperarnos.

Comentarios:

  • Si cuando estas haciendo snorkel notas que algo pasa cerca de tu cara a toda caña, mejor no mires qué ha podido ser.
  • Pan pan americaanoooo….

Noveno día. Cocodrilo Dundee.

Tras un buen desayuno y admirar las vistas del canal y del puerto fluvial, nos montamos en nuestro “gran” Jimmy y continuamos viaje. Lo de “gran” no lo digo de coña. Pese al tamaño, es un grandísimo coche.

Como siempre, no nos limitamos a conducir. Como el resto de días, aprovechamos para hacer paradas y ver cosas, disfrutar de la compañía y del país en general. Esto nos hace emplear más tiempo del necesario, pero… ¿de qué sirven las prisas? Lo importante es disfrutar del momento, de lo que ves, de lo que sientes. Si no llegas hoy… ya llegarás mañana. Esa fue nuestra filosofía durante todo el viaje, y es una de las razones por las que disfrutamos tanto. Esto no quita de que nos pegáramos algunos palizones conduciendo, claro.

Cuando más tranquilos íbamos, al pasar por un puente, vimos que había algunos coches parados y gente mirando hacia abajo. Yo pensé que se había caído alguien o había habido un accidente, así que decidimos parar (a cotillear más que nada).

Cual fue nuestra sorpresa al descubrir que los arenales de abajo del puente, por el que pasaba un gran río, estaban cubiertos de enormes cocodrilos. Sí, enormes y peligrosos cocodrilos. Nunca habría imaginado que hubiera bichos de este pelo por ahí sueltos, sobre todo después de haber vadeado a patas ya algún que otro río. Por si os interesa, se trata del puente sobre el río Grande de Tárcoles.

Tras echar unas cuantas fotos, seguimos viaje. Ya no nos quedaba mucho para llegar a Manuel Antonio, lugar con mucha fama por sus playas. ¿Sería cierto lo que se dice de ellas, como que son las playas más bonitas del Pacífico? Lo comprobaríamos en breve.

Al medio camino hicimos otra parada en playa Hermosa. Esta vez, el nombre si se correspondía con la realidad. Una playa grande y bonita con mucha gente haciendo surf. Después de descansar un rato, seguimos viaje.

Poco antes de la hora de comer, llegamos a nuestro destino: Manuel Antonio. Es imposible perderse, ya que llega un momento en el que se acaba la carretera. No se puede seguir, y ahí mismo se encuentra este pueblecito tan singular. Nada más llegar pudimos apreciar que los comentarios eran ciertos. ¡Qué playa más bonita!

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Para variar, no teníamos alojamiento. Como os contaba, seguimos con el coche hasta donde se acababa la carretera: en una rotonda. Justo ahí encontramos el Hotel Manuel Antonio. Tenía pinta de ser muy caro, pero resulta que era muy asequible. Cogimos una noche, bajamos nuestras cosas y… nos fuimos a la playa, claro.

Hotel Manuel Antonio

Aquí tenéis un link con más información del hotel:

http://www.hotelmanuelantonio.com/

No nos defraudó. Aunque no había mucha arena, son de una belleza especial. Y el agua invitaba a quedarte horas dentro. Pasamos otra gran tarde de playa y de paseos por el pueblo, en el que hay muchas tiendecitas, la mayoría preparada para vender cosas a los turistas. Gracias a que aún no había comenzado el verano oficial, no había gente apenas, aunque el tiempo como podréis ver en las fotos era estupendo.

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Y así pasamos otro maravilloso día en Costa Rica. Plan para el día siguiente: caminata por el Parque Nacional y más playa.

Comentarios:

  • Hay cocodrilos en la mayoría de ríos de Costa Rica. Esto lo descubrimos a posteriori. Así que cuidado donde metéis los pies.
  • Hay muchos hoteles en la zona, y seguramente más baratos, pero el Hotel Manuel Antonio tiene muchas ventajas: la principal, que se encuentra a pié de playa y con unas vistas increíbles, y luego, no es nada caro para el pedazo de hotel que es. Cuenta con un restaurante donde se come bien y barato, aunque en el pueblo hay muchas opciones para tomarse algo. Nosotros usamos casi siempre el restaurante del hotel porque la relación calidad / precio era muy buena.
  • Aunque la descubrimos en Puerto Viejo (como no jajaja), creo que es aquí donde disfrutamos más de la mejor cerveza costarricense: la cerveza Imperial. Es suave y fresquita entra más que bien. Después de una larga caminata como las que nos dimos, tomarse una era una bendición. Si hubiera podido, me habría traído unas cajas ;).

 Décimo día. Parque Nacional Manuel Antonio.

Nos levantamos temprano para ir a caminar por este parque, que se encuentra entre los 10 parques mas bonitos del mundo (no lo digo yo, lo dice la revista Forbes). Antes de salir, nos vemos “obligados” a aumentar en otro día más la reserva de la habitación, ya que esto nos gusta, y mucho.

La entrada se encuentra muy cerca del hotel (otra razón para quedarse a dormir ahí). Hay que pagar un precio simbólico y una vez dentro, eres libre de moverte por donde quieras. Hay posibilidad de contratar los servicios de un guía, cosa que nosotros no hicimos. La verdad es que es muy difícil ver animales en la selva, aunque estén delante de tus mismas narices. Los guías los ven sin dificultad así que si los contratas, te aseguras de que veras muchos animales, y tratándose de un parque natural de este tipo, lleno de animales, puede merecer la pena.

En nuestro caso, lo que hacíamos es ir a nuestra bola, como siempre, pero cuando veíamos a algún guía que se ponía a señalar a algún sitio, lo aprovechábamos cuando se iba.

Gracias a esto, pudimos ver multitud de animales: monos de varios tipos, iguanas, perezosos, ranas arborícolas, mapaches…

Además de disponer de varios senderos perfectamente identificados, en este parque hay varias playas paradisíacas de las que disfrutar. La gente paga la entrada solamente para poder pasar en día en ellas, así que os podéis imaginar como son (y verlo en las fotos). Existe una forma “secreta” de acceder a dichas playas sin pagar, pero esto es información reservada que solo se venderá al mejor postor ;).

El parque hay que verlo, ya que es difícil de definir con palabras. La unión de selva y playa, y la gran cantidad de animales en estado salvaje que se pueden ver, hacen de este lugar uno de los más bonitos que vimos.

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Finalizada la caminata por el parque (playa incluida), seguimos sufriendo… más playa. Y así acabamos otro día. Ante de irnos a dormir, cenamos en un restaurante oriental del pueblo, muy curioso porque mezclaba platos orientales con la cocina y productos de la zona. Lo que probamos estaba muy rico.

Comentarios:

  • Es mejor madrugar para ir al parque, ya que es un lugar al que suele ir mucha gente, sobre todo para ir a las playas, y eso espanta a los animales.
  • Contratar un guía tiene sus ventajas, pero siempre queda la opción de ir siguiendo (a relativa distancia) a algún grupo que lleve uno.
  • Tomarse una “pipa” fresquita al atardecer desde el balcón de tu habitación, mientras se pone el sol, no tiene precio.
  • Tomarte una “Imperial” después de un buen rato caminando, tampoco.
  • Importante que la cámara que llevéis tenga mucho zoom, ya que los animales suelen estar lejos. Los guías están provistos de visores de mucho aumento, pero si no los contratáis, os debéis conformar con verlos a través de vuestra cámara.

Undécimo día. Seguimos sufriendo.

¿Para qué irnos si aquí se está tan bien? Dicho y hecho. Nos quedamos otro día. Que bien se viaja sin prisas y sin agobios.

No voy a contaros mucho de este día, ya que volvemos a ir al parque nacional, y el resto del tiempo lo pasamos de nuevo en la playa. Decidimos irnos al día siguiente, con destino sur: Bahía Drake.

Comentarios:

  • Qué estrés…

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Duodécimo día. Corcovado Trophy.

Nuestro objetivo para finalizar nuestro viaje es visitar el Parque Nacional de Corcovado. Para ello tenemos que llegar a Bahía Drake, desde donde se puede coger un barco para llegar al Parque Nacional.

Existen varias opciones para llegar a Bahía Drake: avión, barco o coche. Nosotros, tras mucho pensarlo, optamos por la opción coche. ¿Por qué lo pensamos tanto? Porque nos habían dicho que el camino era muy accidentado, y que había que pasar varios ríos (sin puente, claro, a la trocha). Según la época del año, estos ríos traían mucha agua y no se podían atravesar con coche. Ahora, acababa de terminar la época de lluvias, así que nos arriesgábamos a quedarnos tirados en medio de la nada por no poder vadear un río.

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Decidimos llamar a unas cabinas, donde pensábamos alojarnos (aquí si que tuvimos que reservar con antelación, ya que Bahía Drake está perdida de la mano de Dios) y le preguntamos al dueño, quien nos dijo que habían llegado algunos coches últimamente, pero que como había estado lloviendo, no sabía como estaría el río.

¿Miedo? ¿Quién tiene miedo? ¡A la aventura! Salimos dirección Bahía Drake, sin saber si podríamos llegar, pero emocionados por el viaje que teníamos por delante.

El camino no defraudó. Volvimos a disfrutar de nuestro GRAN Jimmy, por unos caminillos bastante malos. La velocidad media del último tramo no llegó a 20km/h, así que os podéis hacer una idea. Fue muy divertido cruzar tantos ríos y subir y bajar tantas pendientes. Nuestro pedazo de 4×4 volvió a portarse.

Todo perfecto hasta que llegamos al último río. Tenían razón. Era un señor río. Nos habían dicho que había que pasarlo haciendo una “L”, con respecto a la orilla, ya que el resto era más profundo y la tierra muy poco compacta, por lo que o bien nos sumergíamos, o nos quedábamos atrapados. Alentador, ¿verdad?

Me volví a quitar mis botas, y tras echar un vistazo para asegurarme que no había bichos con dientes a la vista, fui atravesando el río a pie por donde pensaba que me habían dicho. No tenía mucha profundidad por donde crucé, un poco por encima de las rodillas, así que no debía haber mucho problema. Sin embargo, el fondo no era muy compacto, por lo que no estaba muy seguro. Mi conductora favorita se encontraba esperando mis indicaciones con el coche en la otra orilla.

Quiso la suerte que mientras me encontraba inspeccionando el río, llegó otro vehículo de un lugareño quien nos indicó gentilmente por donde cruzar. Tras ver por donde pasaba el, lo hicimos nosotros, con algún que otro susto final. Fue muy emocionante, y una experiencia que recordaré siempre. Nuestro GRAN Jimmy nos volvía a sacar de un apuro.

Al rato de cruzar este último río, llegamos a nuestro destino: Bahía Drake. Más que un pueblo, se trata de una serie de casitas desperdigadas por la costa. Como ya comenté, este pueblo se queda aislado por tierra en la época de lluvias, y solo es posible salir de allí en barca. Seguía lloviendo por las noches… ¿qué pasaría si crecía demasiado el rio y no podíamos salir en coche?

Llegamos a nuestro alojamiento, regentado por otro español (otro con suerte). Tras descansar un poco, nos informamos sobre qué hacer por allí, y hubo dos cosas que nos llamaron la atención. La primera, ir a visitar el Parque Nacional Corcovado (esta era la razón por la que habíamos ido). La segunda, hacer submarinismo o snorkel en la Isla del Caño.

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Decidimos empezar por la primera opción. No hay ninguna zona del mundo, con una extensión similar, que contenga una mayor diversidad biológica. Al igual que otros parques de Costa Rica, cuenta con una amplia zona de selva y otra, aun mayor de mar (con sus playas correspondientes).

Se pueden organizar muchas excursiones, algunas de varios días pernoctando en plena selva, pero debido a que nuestro tiempo se acababa, decidimos hacer una excursión de un día. Para llegar al punto de comienzo de la excursión (esta vez con guía), había que llegar en bote.

Tras un buen rato saltando las olas con nuestra barca, llegamos a una playa desde donde comenzaban diferentes rutas. Seguimos en silencio a nuestro guía, dispuestos a disfrutar de nuevo de la naturaleza salvaje.

Fue un acierto disponer de guía esta vez, ya que, no solo nos iba indicando donde se encontraban los animales, sino que nos iba explicando continuamente cosas muy interesantes sobre la naturaleza, y el uso que los indígenas hacían de tal resina o de tal árbol. No solo pudimos ver animales, sino que aprendimos muchas cosas.

He de decir que mis botas ya no aguantaron más, y murieron definitivamente en esta caminata. Como no se podía dejar basura en el Parque Nacional, me las eche a la mochila para deshacerme de ellas a la vuelta. Me dio un poco de pena tener que tirarlas después de tantas aventuras.

Mientras estábamos en la orilla de un río en la que habíamos parado para desayunar, vimos como emergía la cabeza de un enorme cocodrilo en la otra. No se nos ocurrió pasa por ahí, claro está.

El lugar ya podéis ver en las fotos como es: otro paraíso en la tierra. Si os gusta la naturaleza, disfrutaréis con estos Parques Nacionales.

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Tras unas horas disfrutando de la naturaleza en estado salvaje, volvimos a montarnos en la barca y volvimos a nuestro alojamiento. Cansados, pero felices por la experiencia vivida. ¿Qué te apetece? Una Imperial, ¡claro esta!

Comentarios:

  • Con unas botas rotas no es aconsejable darse una pateada por la selva de muchos kilómetros (pueden acabar de romperse).
  • Si tienes la suerte de que te toque un guía que aparte de “guiarte” te enseña, disfrutarás el doble.
  • Seguía lloviendo. ¿Nos quedaremos atrapados?
  • Mañana toca submarinismo y snorkel. Como no haga buen tiempo, alguien me va a matar.

Decimotercio día. Nadando entre tiburones.

La suerte se puso de mi parte y, oh milagro, amaneció un día my bueno (creo que podré seguir viviendo por ahora).

El plan para hoy era el siguiente: mi compañera de viaje haría submarinismo, y yo, que aun no me he sacado ninguna titulación ni he hecho submarinismo en mi vida, me dedicaré a hacer snorkel.

Para ello, nos trasladamos, en barca de nuevo, hasta la Isla del Caño. Esta isla se encuentra a unos 20 Km. de Bahía Drake. Tras casi una hora de trayecto, llegamos a la zona elegida. Una preciosidad. Aguas prácticamente transparentes y según la gente que habíamos conocido, con gran cantidad de vida marina (tiburones entre ellos).

Os voy a ser sincero. A mí siempre me había dado mucho respeto el mar. Eso de no saber que hay debajo de ti me daba miedo. Si, miedo, lo reconozco. Es en este viaje cuando por primera vez hago snorkel, más que nada por los ánimos que me da mi compañera de viaje, a quien le apasiona el mar. Ella me lo pinta todo tan bonito, que no dudo en ponerme las aletas y la mascara. Gracias a ella he descubierto un mundo maravilloso, y me he decidido a aprender a hacer submarinismo. Lo que he visto en este viaje, esa cantidad de vida, los colores, y si, tiburones también, me han hecho ver lo equivocado que estaba.

A lo que iba, que ya me estoy yendo por los cerros de Úbeda. Llegamos a la zona donde ancló la barca, y todos nos tiramos al agua. Mientras unos se sumergían para hacer submarinismo, el resto nos teníamos que conformar con quedarnos flotando.

No tengo palabras (aquí tampoco) para definir lo que vi y lo que experimenté este día. La sensación era como estar dentro de una pecera gigante. Vi rayas, tortugas marinas, langostas, peces de todos los colores y tamaños imaginables (a Nemo y a Dori entre ellos). Pude atravesar buceando un enorme banco de peces, de esos que solo había visto en la televisión. Y si, también vi algunos tiburones, nadando por el fondo, con esa forma tan elegante que tienen de hacerlo. Y, ¿sabéis qué? Me gusto verlos. No sentí miedo, sentí admiración, sentí emoción, sentí muchas cosas, pero no miedo. Fue en este momento en el que decidí que uno de mis próximos objetivos sería sacarme los títulos para poder bucear y volver a disfrutar de aquello desde otra perspectiva.

Durante el viaje de vuelta, nos dedicamos a hablar de lo que habíamos visto (y de lo que no, como alguna que otra tortuga, ¿verdad? jejeje), y a pensar en lo poco que nos quedaba en Costa Rica. Qué rápido se habían pasado los días.

Comentarios:

  • En breve, si todo va bien, podré cumplir mi objetivo de sacarme los títulos de submarinismo, pero eso ya os lo contaré en otra ocasión, ya que para ello tengo otro viaje en mente.
  • ¡No nos queremos ir!
  • ¿Podremos cruzar mañana el gran río, o la lluvias de los últimos días nos dejarán atrapados?

Decimocuarto día. Todo lo bueno se acaba.

 Y llegó nuestro último día completo en Costa Rica. Aun nos quedaban muchos kilómetros por recorrer para llegar a la capital, así que salimos bien temprano.

Volvimos a recorrer esos caminos de tierra tan emocionantes y a cruzar el famoso río, pero los sentimientos ya no eran los mismos.

Sabíamos que este sería nuestro último viaje, y que nuestro destino era llegar al hotel cerca del aeropuerto donde, en un par de días, cogeríamos nuestro vuelo de regreso a España.

Por esta razón íbamos un poco tristes, pero el recordar todo lo vivido, todas las experiencias, nos hacía sentirnos de mejor humor. Teníamos todo el día para llegar a la Capital, así que nos lo tomamos con tranquilidad, y paramos varias veces.

Cuando llegamos a San José, ya estaba bien avanzado el día, pero esta vez no tuvimos que dar vueltas, ya que teníamos reservado el hotel. Primero nos fuimos a devolver el coche (donde tuvimos que notificar un pequeño golpe que “alguien” le había dado), aunque como íbamos con un seguro a todo riesgo, no hubo mayor problema. El mismo bus de la compañía nos llevó al hotel, y allí nos instalamos en la que sería nuestra última noche.

IMG_1727

Llegó el momento de recordar tantas y tantas anécdotas, y todo lo que habíamos vivido en estas dos cortas pero intensas semanas. Preparamos los equipajes para el día siguiente, cenamos y a dormir.

Comentarios:

  • En Costa Rica, en caso de accidente con el coche (o de que le des un golpe a un árbol, como fue este caso), es obligatorio avisar a la policía. Hay un seguro estatal que cubre todas estas cosas. Aunque nos lo explicaron el primer día, yo creía que solo había que avisar a la policía en caso de tener un accidente con otro vehículo. Error. Siempre hay que hacerlo. Dando marcha atrás en el hotel Tabacón le dí un pequeño golpe a un árbol. Como el parachoques del Jimmy es de plástico, se hundió un poco. No le dí mayor importancia. Cuando devolví el coche, me pidieron el parte de la policía y a mi se me quedo cara de haba. Gracias a Dios ellos se encargaron de conseguir uno (dirían que se acababan de dar el golpe, supongo), y nosotros nos pudimos ir al hotel.

Ultimo día. Vuelta a casa.

Tal y como nos habían contado, cada cierto tiempo salían transportes del hotel al aeropuerto. Cogimos en que nos venía mejor. Tras volver a pasar los controles de seguridad y esperar un poco, nos montamos en nuestro avión. Diez horas más tarde, aterrizamos en Madrid. Nuestro viaje se había acabado (¿seguro?).

Comentarios finales:

  • En mi opinión un viaje no se acaba nunca. Siempre nos quedarán los recuerdos, los buenos momentos (que fueron muchos), y las experiencias vividas. Este, sin lugar a dudas, ha sido el viaje que más he disfrutado de cuantos he hecho. Es por esta razón, que siempre estará conmigo, por mucho tiempo que pase.
  • Nos dejamos sin ver muchas cosas (a posta), como el Parque Nacional de Tortuguero y la zona de Monteverde. No nos queda mas remedio que volver.
  • No se si habré conseguido expresar en estas palabras lo que vivimos. Estoy seguro que no. Esta experiencia hay que vivirla, y revivirla, así que no descarto volver. Y vosotros… ¡animaos!
  • Aunque volvimos a casa, una parte de nosotros permanecerá siempre en Costa Rica.

Baste como resumen  un mapa con el recorrido que hicimos.

Sin título

4 comentarios sobre “Viaje a Costa Rica

  1. Un viaje alucinante pero hay que repetirlo y ver el Parque Nacional Tortuguero…………o todo el país de nuevo. Yo me quedé sin ver el volcán Arenal debido a la niebla por lo que no descarto volver algún día……………..es que este país merece mucho la pena, espero que no se explote turísticamente. Además hay que verlo de esta manera, no con viajes organizados……….se disfruta tres veces más.

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  2. Hola…. soy Tico (costarricense) y encontré la narración de tu viaje a Costa Rica por pura casualidad y leí las primeras líneas y luego no pude detenerme. Como Tico he de decirte que me siento muy orgulloso de leer experiencias como la tuya y que te llevaras tan lindos y gratos recuerdos pero sobre sobre todo esa gran imagen de mi país y te agradezco te tomaste el tiempo de escribir tanto tan bonito, espero que tu relato sea leído por muchas más personas alrededor del mundo y les encienda el ánimo para visitarnos.

    Nada más…….y de manera muy respetuosa….quiero hacerte una pequeña corrección y es que en dos ocasiones haces mención de la capital con el nombre de San Juan.. cuando lo correcto es SAN JOSE.

    Gracias por tus comentarios y gracias por visitar Costa Rica, te esperamos de nuevo y PURA VIDA…

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    1. Muchas gracias por la corrección. Tienes toda la razón! perdona por cometer un error tan garrafal. Lo cambio ahora mismo. Debes sentirte orgulloso de haber nacido en un país tan especial. A mi me encanto y espero poder volver a visitarlo alguna vez.

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