Roma (By Raquel)

Roma (By Raquel)

(30 de diciembre de 2014 a 5 de enero de 2015)

Me gustaría dar las gracias de nuevo a Diego por dejarme colaborar en su magnífico blog sobre viajes y tapas por segunda vez.

Como yo no soy de muchas tapas (tampoco es que sea de muchos viajes), voy a hablaros hoy de uno de los pocos viajes que hemos hecho en familia Javi, Sarah, de 22 meses, y yo a Roma del 30 de diciembre al 5 de enero.

Martes, 30 de diciembre 2014.

Tomamos el vuelo Málaga-Roma (aproximadamente 400€, teniendo en cuenta que Sarah sólo pagaba las tasas), llegamos sobre las 6 de la tarde, tomamos el Leonardo express, que dura aproximadamente media hora, directo del aeropuerto Fiumicino a Roma Termini.

Teníamos reservado el Hotel Giada, de tres estrellas, con desayuno, y nos salió aproximadamente 500€ las 6 noches. Aunque su ubicación es excelente con respecto a Termini (estación de tren, líneas de metro y autobuses), no lo recomiendo debido a que no teníamos agua caliente en la habitación y tuvimos que solicitar tres veces que la arreglaran en el mismo día, hasta que, después de que subiera el recepcionista, consiguiéramos un cambio de habitación. El desayuno es bastante pobre si lo comparamos con otros hoteles en España, pero normal, si lo comparamos con el Hotel Besada Prague, en el cual estuvimos alojados en julio de este mismo año.

Cenamos en uno de los múltiples restaurantes que hay por la zona de Termini y reservamos para la noche de Fin de Año.

Hay que tener en cuenta no sólo el frío de esos días, sino también que en Roma anochece a las 4.50.

Miércoles, 31 de diciembre de 2014.

Teníamos compradas desde España las entradas para los Museos Vaticanos, la entrada era a las 10 de la mañana. Salimos del hotel, tomamos la línea de metro roja, dirección Battistini, y nos bajamos en Ottaviano. Allí, hay mucha gente que te indica cómo llegar tanto a los museos como a la Piazza de San Pietro. Apenas tuvimos que hacer cola, enseñando el ticket de internet, y, sobre las 9.45 ya estábamos dentro de los Museos.

Los Museos son para perderse dentro. Tanto patrimonio en un pequeño espacio impresiona. Pudimos ver el Museo Egipcio, el Museo Etrusco, la Galería de los Animales, la Galería de los Tapices, las Estancias de Rafael, entre otros, y, por supuesto, la Capilla Sixtina, de la cual no se pueden sacar fotos. Con respecto a la Capilla Sixtina, a mí, personalmente, me gustó menos de lo que esperaba, pues la pieza maestra, La Creación del Hombre, se ve minúscula entre una marabunta de diversas obras de arte, cada cual más impresionante que la anterior, y su grandiosidad se disuelve. Las fotos que tengo están oscuras y no nos ha dado tiempo de pasarles el filtro. En otra ocasión, las añado.

Salimos de allí sobre las 12.30, para cuando llegamos a la Piazza de San Pietro, la Basílica se encontraba cerrada por ser 31 y no pudimos acceder a ella. Sí pudimos contemplar cantidad de gente que, como nosotros, se había quedado fuera.

La Piazza estaba decorada con un gran árbol de Navidad.

El obelisco que decora la Piazza fue traído desde Egipto y estuvo durante siglos enterrado en Circo Massimo.

 Roma

La ventana por la que se asoma el Papa es la segunda, empezando por la derecha, del último piso.

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Seguidamente, tomamos un almuerzo rápido en una de las cafeterías que hay por la zona, las cuales están bien de precio y la calidad de sus pizzas al corte, razonable. Este almuerzo en concreto, nos salió 17€ por dos trozos de pizza, un bocattini de jamón y queso y dos botellas de agua.

Nos dirigimos al Castel de Sant’Angelo, pero no pudimos acceder al Museo, puesto que no hay ascensor y no se puede entrar con carrito. Decidimos que era mejor no llevar a Sarah durante tanto tiempo en brazos por el bien de nuestra (mi) espalda.

Cruzamos el Ponte de Sant’Angelo, donde paran diversos artistas a pintar acuarelas o músicos callejeros. Me recordó brevemente al Puente de Carlos de Praga.

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Viendo que nos sobraba algo de tiempo, decidimos cambiar de planes y subir a Garibaldi, la Fontana del Acqua Paola y la Embajada Española.

Tomamos el autobús 870 desde el Lungotevere Vaticano y bajamos en Garibaldi.

La panorámica de Roma, espectacular.

Vistas desde la Fontana.

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De allí, nos dirigimos a la Embajada Española y la Academia Española, situadas junto a San Pietro in Montorio.

Como la temperatura estaba bajando estrepitosamente, debido a que llevaba un rato anocheciendo (4.30 de la tarde), y veíamos que Sarah tenía mucho frío, decidimos volver al hotel para prepararnos para la cena de Fin de Año.

La Cena de Fin de Año salió por 75€ los dos comensales, tomamos un entrante de embutido, un primer plato de pasta, uno segundo de carne o pescado, bebidas, postre, copa de champán y, al entrar el año, un plato de lentejas con salami.

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Y, con todo ello, dimos la entrada al Año Nuevo en Roma.

Jueves, 1 de enero de 2015.

Nos levantamos relativamente temprano para comenzar todo lo que teníamos previsto durante esa mañana.

Tomamos la línea roja del metro, dirección Battistini y nos bajamos en la parada Flaminio/Piazza del Popolo. Nada más salir de la estación, nos encontramos con el pórtico de entrada a la Piazza del Popolo. Una vez que lo cruzamos, entramos en una enorme plaza ovalada que alberga tres iglesias, un jardín, dos fuentes y uno de los múltiples obeliscos traídos íntegramente de Egipto.

Vista del pórtico de la Piazza del Popolo desde la Piazza.

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A continuación, tomamos la Via de Corso, una de las arterias fundamentales para el comercio de Roma. En esos momentos estaba decorada con las banderas del mundo y nos llamó la atención.

Un edificio decorado en Via del Corso.

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Giramos a la derecha en Piazza Augusto Emperatore, para encontrarnos con el Mausoleo de Augusto (en proceso de restauración, no permitidas las visitas de momento) y el Museo de Ara Pacis, al cual no entramos.

 

Volvimos a Via de Corso para dirigirnos a la Piazza del Parlamento, la Piazza de Montecitorio y la Piazza della Colonna.

Seguidamente, pasamos a la Piazza de Pietra para ver lo que queda del Templo de Adriano, después de que todo el mármol y los metales fueran arrancados para construir y decorar otros palacios e iglesias (“Lo que no hicieron los bárbaros, lo hicieron los Barberini”).

Aunque la Fontana di Trevi está más cerca, nos dirigimos en primer lugar a la Piazza de Spagna, pasando primero por la Santísima Trinidad Española, competencia directa de San Luis de los Franceses (la cual vimos al día siguiente). Si bien la fachada no es su fuerte, el interior es hermoso.

Interior de la Santísima Trinidad Española.

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Paseamos por la Via dei Condotti, hasta llegar a la Piazza de Spagna. No obstante, no pudimos ver gran cosa porque se celebraba un concierto de Año Nuevo al aire libre y esto fue lo que nos encontramos.

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Tomando Via di Propaganda, llegamos a Sant’Andrea delle Fratte, a la cual no pudimos entrar porque se encontraba cerrada.

Llegamos, al fin, a la ansiada Fontana di Trevi. Mas, ¡cuál fue nuestra sorpresa al encontrárnosla de esta guisa!

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Después de tal decepción, paramos a comer en una pequeña pizzería de la zona, donde nos cobraron 20€ por una botella de agua grande, unos macarrones a la carbonara y unos espaguetis con tomate (mi plato favorito).

Una vez que terminamos nuestro merecido descanso, nos dirigimos a la Piazza del Quirinale, donde se encuentra la residencia del Presidente de la República.

Allí, tomamos Via del Quirinale para contemplar la fachada de Sant’Andrea al Quirinale y San Carlino alle Quattro Fontane. Desafortunadamente, ambas cerradas hasta las 4 de la tarde, por lo que no pudimos esperar (serían las 2 y nos quedaba mucho camino por recorrer).

Otro fracaso fue encontrar las cuatro fuentes en reforma.

Sin embargo, sí pudimos colocarnos en el Incrocio delle Quattro Fontane. Es un punto desde el cual puedes ver el Obelisco de la Piazza de Spagna, el Obelisco de la Piazza del Esquilino, el Obelisco de la Piazza del Quirinale y la Puerta de San Miguel.

Después, tomamos la Via delle Quattro Fontane, para llegar a Piazza Barberini.

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Nuestra intención era ver la Cripta de los Capuchinos, pues, al haber estado en el Osario de Sedlec en República Checa, no queríamos perdernos esta curiosidad. No obstante, no pudimos acceder a él porque estaba cerrado y tuvimos que volver al día siguiente.

Nuestro siguiente objetivo era Santa María della Vittoria y el Éxtasis de Santa Teresa, pero, al abrir, como la mayoría de las iglesias, a las 4, nos dio tiempo de pasear por la zona y encontrarnos con la Fontana de Moisés, Santa Susana alle Terme y San Bernardo alle Terme.

Fontana de Moisés.

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El Éxtasis de Santa Teresa (dentro de Santa María della Vittoria).

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Una vez maravillados con esta obra, nos fuimos a la Piazza della Reppublica, donde se encuentra Santa Maria degli Angeli e Martiri. La particularidad de esta basílica es que se encuentra tallada en las Termas de Diocleciano y no responde a ninguna planta conocida hasta el momento (normalmente, cruz).

Representación de la línea temporal y sucesos diversos vinculados a la astronomía, la religión y las ciencias en Santa María degli Angeli e Martiri.

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Como San Pablo Intramuro (Via Nazionale) nos pillaba de camino, decidimos entrar y ver la única Iglesia de Roma de estilo anglicano.

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Giramos a la izquierda en Via Agostino Depretis, para llegar a la Piazza del Esquilino, que da a la fachada trasera de Santa María Maggiore.

Nuestras últimas paradas eran Santa Pudenciana y Santra Práxedes, antes de poner el colofón final con la Basílica de Santa María Maggiore. Y… sinceramente, no pude estar más acertada, porque las joyas que descubrí en estas pequeñas y austeras iglesias… No me las esperaba.

Santa Pudenciana.

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Interior de Santa Práxedes.

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Por último, cenamos en otro restaurante de la zona de Termini. De nuevo, el menú fueron macarrones a la boloñesa, espaguetis con tomate y agua. El precio no alcanzó los 17€.

Viernes, 2 de enero de 2015.

Nuestro destino para este día era la Roma Antigua, especialmente. Tomamos la línea azul del metro, dirección Laurentina y nos bajamos en la parada Coloseo.

Habíamos comprado las entradas para el Coliseo desde España, y, desde luego, fue de las mejores decisiones que tomamos, junto con las de los Museos Vaticanos. Apenas hicimos cola para canjear el ticket de internet por el ticket que te permite pasar los tornos.

No contratamos la excursión para los bajos porque en castellano sería dos horas después, y, como el tiempo apremia, tuvimos que rechazar esa opción. No obstante, en la segunda planta había una exposición temporal sobre utensilios de escritura muy interesantes.

Tanto en la fachada externa como en su interior, se pueden apreciar la erosión del paso del tiempo, las expoliaciones que ha sufrido, los terremotos y las guerras.

Vistas del Coliseo desde el metro.

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Vista interior.

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Cuando terminamos la visita al Coliseo, salimos y nos dirigimos al Palatino, pues la entrada que compras (12€) vale para Coliseo, Monte Palatino y Foro Romano. Atención con el Palatino, porque, como su nombre indica, es un monte, por lo que la mayoría de los caminos son de tierra y piedra, un tanto incómodos para nosotros en carrito, además de las cuestas pronunciadas. Con respecto al Foro, al final, tuvimos que coger el carro en peso, porque la separación entre las piedras era tal que, una vez que se colaba una rueda, no había forma de moverse ni hacia delante ni hacia atrás. Esto nos ocasionó una molestia bastante duradera en nuestra espalda. Lo curioso es que en el Foro te indican que hay un camino para minusválidos, pero debe ser que en Italia los minusválidos hacen pesas con sus sillas, porque otra explicación no le encuentro.

Justo a la salida del Coliseo, de camino al Palatino, se encuentra el Arco de Constantino. Uno de los mejor conservados.

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Una vez que visitamos el Foro Romano y el Palatino, comimos en un restaurante cuyas vistas eran ideales. Comí el mismo menú de todos los días (porque yo soy muy repetitiva y porque nunca comí mejores espaguetis que en Italia), espaguetis con tomate. Javi pidió un plato de la casa, era un filete con queso (me dice literal: “era como un filete haciendo base de pizza, muy bueno”), no obstante, su porción le pareció insuficiente. Bebimos agua. La comida costó 39€, teniendo en cuenta que no hacía falta asomarse para ver el Mercado Trajano.

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Proseguimos e hicimos una breve parada en la Columna Trajana.

Continuamos para llegar hasta la Piazza Venezia, donde pudimos contemplar a dónde ha ido a parar casi todo el mármol blanco del Coliseo. Efectivamente, Il Vittoriano, el monumento que incluye la estatua ecuestre de Vittorio Manuel, la Tumba al Soldado Desconocido, la Terrazza Quadrighe y museos. Los italianos la llaman despectivamente “la máquina de escribir”, entre otras cosas.

Il Vittoriano.

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Continuamos hacia el Campidoglio, la intención era subir a Ara Coeli, pero… al ver estas escaleras, decidimos dejar el misterio de lo que contiene dentro para otro viaje u otra vida…

Lupa Capitolina en el Campidoglio.

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A la vuelta hacia los Foros para tomar Via Cavour, pudimos contemplar estatuas de diversos emperadores.

Tomamos Via Cavour hasta que llegamos a unas escaleras que no tuvimos más remedio que subir si queríamos contemplar el Moisés, dentro de San Pietro in Vincoli. Así que, de nuevo, con Sarah en peso, subimos ese túnel que conecta Via Cavour con la Piazza di San Pietro in Vincoli.

Il Moises.

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Viendo que nos sobraba un poco de tiempo, pero no el suficiente como para hacer grandes paseos, volvimos al metro de Coloseo, tomamos la línea azul de vuelta a Termini (dirección Laurentina), cambiamos en Termini a la línea roja, dirección Battistini, y nos bajamos en Piazza Barberini para ver la Cripta Capuchina.

En la Cripta, no se permitían fotos, con lo cual, lo que voy a mostrar no tiene mucha calidad, pero, es curioso de ver.

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Y dimos por concluido el día, después de 18 kilómetros andados. Así que fuimos a otro restaurante de la zona de Termini, siempre cerca del hotel y volvimos a pedir el menú de espaguetis con tomate, hamburguesa, copa de vino y agua, 19€.

Sábado, 3 de enero de 2015.

El centro de Roma no tiene estaciones de metro, o, por lo menos, no la tiene la zona por donde queríamos empezar el sábado. Fuimos a Termini y tomamos el autobús número 70 que nos dejó en Largo Argentina.

Allí, comenzamos con las ruinas de Largo Argentina.

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Luego, fuimos a la Fuente de las Tortugas (famosa porque dicen que se hizo en una sola noche).

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Entramos en Il Gesù, la iglesia jesuita que, supuestamente, sería la más austera que veríamos.

Llegamos a Santa María in Sopra Minerva, con el elefantino y el obelisco en su plaza.

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Alcanzamos la Piazza della Rotonda y el Panteón a una hora poco apropiada porque había demasiada gente.

Piazza della Rotonda, con obelisco y Panteón.

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Continuamos por Via Giustiniani para llegar a San Luis de los Franceses (competidora de Santísima Trinidad Española), pero no llegamos a entrar por la premura de tiempo.

Llegamos a Piazza Navona, para encontrar una Piazza viva y llena de gente.

Fontana de Nettuno en Piazza Navona.

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Salimos de la Piazza por la esquina de Pasquino.

Desafortunadamente, el Chiostro y Santa María della Pace se encontraban cerrados.

Paramos a comer en un restaurante de la zona, porque empezaba a llover y llegaba la hora de comer. El menú (sé que pensaréis que soy una pesada) fueron espaguetis con tomate, macarrones all’arrabiatta, copa de vino y agua, total, 18€.

Continuamos nuestro camino para llegar a San Andrés del Valle, pero, como las iglesias suelen cerrar de 1 a 4, nos la encontramos cerrada.

El Campo dei Fiori estaba a rebosar, pero el día no acompañaba. Si bien es cierto que lo que suelen vender allí está destinado al turista, los productos son de buena calidad.

Una sorpresa inesperada fue San Carlo ai Catenaria, con la cual no contaba en un principio, pero, al tener que recortar porque el tiempo (y la lluvia) apremiaban, nos la encontramos de casualidad.

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Continuamos hacia el Teatro de Marcello y el ghetto judío. Aquí se amontonan extrañamente unos edificios con otros. La explicación es que durante la II Guerra Mundial, se confinó a los judíos a este reducto, por lo que, si querían sobrevivir, tenían que apiñarse en el poco espacio del que disponían. De hecho, a fecha de hoy, todavía se encuentran familias viviendo en ese monumento.

Porta Ottaviana y casas judías.

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Teatro de Marcello y viviendas judías.

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Después de pasar brevemente por San Nicola in Carcere, cruzamos a la Isola Tiberina.

Por fin, alcanzamos Trastevere.

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Piazza di Santa María in Trastevere.

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Todavía nos quedaba más trasiego, con lo que volvimos por donde habíamos venido y nos dirigimos al Foro Boario.

Nos quedaba en la zona, Santa María in Cosmedín y la Boca della Veritá, pero, al ver tanta cola, preferimos ver Santa María in Cosmedín en primer lugar y luego hacer cola.

El interior de Santa María in Cosmedín nos sorprendió gratamente por su simpleza.

Al salir, viendo que había una cola muy larga para la Boca della Veritá, que iba a anochecer en breve y que iba a llover, decidimos ir a Circo Massimo (lo que se ha excavado hasta el momento) y, a última hora (pero qué gran decisión), a San Pablo Fuera de Muro. Salimos de Santa María in Cosmedín y giramos a la izquierda para llegar a Circo Massimo. Seguidamente, fuimos al metro y lo tomamos dirección Lauretina, bajándonos en la parada de Basílica de San Paolo Fuori di Mura. Allí, caminamos un poco, pero la basílica no tenía pérdida. Tuvimos la suerte de que comenzaba a las 5 una misa gregoriana y fue una experiencia muy recomendable.

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Interior de San Pablo Fuera de Muro.

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Los retratos de los Papas hasta el momento. Dice la profecía que el día que no haya más espacio para más retratos, se acaba el mundo. Y quedan 6 espacios.

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Una vez que finalizó la misa gregoriana, volvimos al metro, lo tomamos dirección Rebibbia, bajamos en Termini e hicimos la misma operación de todas las noches, cenar cerca del hotel. Esta vez, sí recuerdo el nombre porque repetimos a la noche siguiente, L’Europeo, justo enfrente del hotel. Como siempre, la cuenta no superó los 20€, con copa de vino, agua, espaguetis con tomate y pizza.

Domingo, 4 de enero de 2015.

Otra de las entradas que teníamos comprada de antemano era la de las Termas de Caracalla, la cual te da acceso a varios museos y catacumbas de la Via Appia por 8€. La anécdota curiosa es que los domingos toda esa zona (Via Appia y Termas) la entrada es gratis, con lo cual, me habría ahorrado comprarlas.

Termas de Caracalla.

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Una vez que salimos de las Termas, tomamos el autobús nº a la Piazza di San Giovani in Laterano, la primera iglesia del mundo, no sin antes encontrarnos con San Nereo y Aquileo, la cual no pudimos visitar por su nefasto estado de conservación.

Alrededor de San Juan de Letrán, se encuentran el obelisco, el baptisterio, el Claustro y la Universidad Pontificia. Una curiosidad es que esta basílica, en concreto, pertenece al Vaticano, a pesar de encontrarse en suelo romano.

Es evidente que lo que se ve hoy en día de San Juan de Letrán no se parece en nada a la primera iglesia del mundo, enterrada bajo su suelo y en perfecto estado de conservación, según dicen.

En cualquier caso, es una joya digna de ver, repleta de obras de arte.

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Interior de San Juan de Letrán.

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Frente a la Plaza de San Juan de Letrán, se encuentra la Porta San Giovanni y, a la izquierda, la Scala Santa.

Continuamos por Viale Carlo Felice para visitar Santa Croce in Gerusalemme, donde se encuentra la reliquia de la cruz de Cristo.

Exterior de Santa Croce in Gerusalemme.

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Reliquia de la Cruz de Cristo.

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Volvimos por Viale Carlo Felice para comer en un restaurante japonés llamado Sushi Tei, fue la primera vez que pagamos más de 20€, concretamente 37,5€.

Una vez que terminamos de comer, fuimos a la parada del tranvía, tomamos el número 3 y nos bajamos en Labicana-Murelana para ver San Clemente, la cual nos sorprendió gratamente por la iglesia paleocristiana escondida en el sótano.

Interior de San Clemente paleocristiana.

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Seguimos por Via Labicana, donde nos encontramos con Ludus Magnus, un antiguo cuartel de legionarios. Seguidamente, vimos, de nuevo, el Coliseo desde otra perspectiva y tomamos el metro para bajarnos en Ottaviana de cara a poder visitar San Pedro, finalmente.

Llegamos sobre las 4 de la tarde, con lo que ya empezaba a anochecer. La verdad es que la entrada es impresionante, ver todo ese espacio ocupado por tantas obras de arte, a la vez que tan espacioso. Además, bajo mi punto de vista, la obra más bella es la Piedad, de Miguel Ángel.

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Después de un largo paseo por dentro, al salir, nos encontramos este bello paisaje. La luna llena sobre la Plaza de San Pedro.

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Al finalizar nuestra visita, volvimos a tomar el metro a Termini, cenamos en L’Europeo y nos despedimos de esta bella Ciudad Eterna.

A pesar de haber recorrido todos los días una media de 15 a 18 kilómetros, la Ciudad Eterna da mucho de sí, es una belleza, es un marco incomparable. No tendré palabras para describir tanta concentración de Belleza, de Arte, de Historia en tan poco espacio ni aunque estudie filología hispánica, ni aunque pasen 20 años más.

Después de todo lo que hemos visitado, nos ha quedado mucho por ver. Es lo que tiene esa Ciudad Eterna que más vale una vida.

Espero animaros a visitarla y que tengáis más tiempo que nosotros para saborearla.

¡Hasta la próxima! Ciao, Roma!

2 comentarios sobre “Roma (By Raquel)

  1. Roma, preciosa ciudad, de las que puedes ir mil veces, preciosas fotos, sobre todo la que se ve el ángel, muy bien explicado y redactado, me encanta, algún día volveré y quizás tome esta guía o al menos la tendré en cuenta. Gracias Raquel y al bloguero.

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