Viaje a Alaska

Viaje a Alaska

(10 al 30 de junio de 2007)

Aprovechando otro viaje de trabajo, tengo la oportunidad de conocer los alrededores de Anchorage, ciudad donde me alojé. Un coche de alquiler y unos buenos amigos es todo lo que se necesita para disfrutar de los espectaculares paisajes de esta tierra.

bandera de Alaska

Como os decía, me alojé en la capital de Alaska (Anchorage). En los días libres pude hacer varios viajes cortos, pero que merecieron la pena.

1. Primera escapada: Crucero en barco.

En la primera oportunidad, decidimos hacer un crucero de un día desde Seward. Para llegar a este puerto, debíamos conducir hasta el sur, y ya desde el primer momento pudimos disfrutar de los espléndidos paisajes.

Al poco de salir, llegamos al Parque Nacional de Chugach (el tercer parque más grande de Estados Unidos). Aprovechamos para hacer un poco de senderismo y visitar las cataratas Thunderbird. Me sorprendió la altura de los árboles. Había algunos realmente enormes.

Después de la caminata y de respirar aire fresco, continuamos camino. Próxima parada: el lago Eklutna. De este lago se abastece de agua Anchorage, por lo que en los carteles que encontrarás por doquier, piden que seas respetuoso y que ayudes a mantener sus aguas lo mas puras y limpias posible. Otra cosa que me sorprende es lo inhóspito, lo solitario que está todo. No es fácil encontrar gente. Puedes pegarte horas conduciendo y no cruzarte con ningún alma. En el lago estábamos completamente solos, lo que hace que uno disfrute más de la naturaleza y se sienta más integrado en ella.

Tras disfrutar del paisaje, seguimos dirección sur, aunque hicimos varias paradas, ya que hay mucho que ver. En un lugar así, te sientes muy pequeño. Todo está rodeado de altas montañas, grandes bosques, enormes lagos, ríos… No ves a casi nadie. Estás tu y la naturaleza. Solo en un lugar así te das cuenta de que el ser humano es realidad es insignificante al lado de la Madre Naturaleza. En nuestras ciudades, nuestras fortalezas, pensamos que somos los dueños del mundo, que todo lo podemos. Cuando te encuentras en una tierra como esta, te das cuenta de que, sin todo lo que la tecnología y la vida moderna nos da, seguramente no sobreviviríamos ni un par de días (yo si, ya que soy un consumado y experto superviviente 😉 ).

Casi sin darnos cuenta, llegamos al puerto de Seward. Sorprende encontrar un puerto deportivo tan bonito en un lugar tan inhóspito. Volvemos a estar en la civilización! El estilo de construcción me recuerda un poco al noruego: casas de colores totalmente de madera.

Aunque hay varios cruceros disponibles, nos decidimos por el que realiza la compañía Kenai Fjords Tours. Se trata de un viaje de un día (8 horas y media), con comida y bebida incluida, por el Parque Nacional del Fiordo Kenay y alrededores. Si vais por esta zona, os lo recomiendo encarecidamente. Cuando veáis las fotos, comprenderéis el por qué.

Como os decía, el puerto es muy bonito y me sorprende el color del agua, tan azul, como si fuera una piscina.

La ruta que seguimos es la siguiente:

Kenai Fjords ruta

En pocos minutos pasamos de las altas montañas y los bosques sin fin, al mar azul e infinito. Pero qué bonito es todo esto! Vamos bordeando la costa, con tranquilidad, sin prisas, y eso me gusta. Puedo disfrutar de lo que veo, y sobre todo, de lo que siento. Ojalá estos paisajes sigan igual durante muchos, muchos años.

Conforme nos vamos alejando del puerto, comenzamos a ver animales marinos disfrutando de su hogar. Lo primero que encontramos son leones marinos tomando el sol en las rocas. No se les ve muy estresados que digamos.

El paisaje sigue siendo increíble.  A lo lejos se ven varios glaciares, y la costa, toda verde y totalmente salvaje: nada de urbanizaciones ni resorts. A ver si aprendemos!

Tras unas horas navegando, llega la hora de comer: buffet libre (no tengo que explicaros como me pongo de carne asada y de salmón, ¿verdad? jajaja).

Alaska

Una vez saciados, salimos todos fuera ya que nos acercamos a nuestro destino: el glaciar de Aialik! No voy a comentar esto mucho, ya que las fotos lo dicen todo. Otra vez, me vuelvo a sentir muy pequeñito al lado de esta enorme lengua de hielo milenario, que se introduce en el mar, poco a poco, centímetro a centímetro. Ver como caen de repente enormes bloques de hielo, a lo documental de la 2, y el ruido que produce, hace que vuelva a pensar en el poder de la Naturaleza. No semos naide!

Quedo embriagado de este espectáculo, de tanta belleza y paz, así que no puedo por más que “hacer un Titanic”:

Alaska

Comenzamos el viaje de regreso, entre pequeños islotes llenos de vida: aves acuáticas, mas leones marinos, incluso alguna cabra!

Nos alejamos un poco de la costa y tenemos la suerte de divisar a varias ballenas y algunos grupos de delfines que se dedican a juguetear con nuestro barco. Lo dicho: que espectáculo. Una pena no haber tenido entonces una cámara con más zoom, como la que tengo ahora.

El viaje va llegando a su fin. ¿Qué mejor forma de celebrar este gran día que tomarse una copita? Eso si, con hielo del glaciar Aialik que antes la tripulación se había encargado de recoger. Estoy bebiendo una copa con hielo que tiene miles de años. Que lujo!

Alaska

Volvemos a puerto, y de camino a casa, aun podemos disfrutar de grandiosos paisajes.

Conclusiones:

  • Si te gusta la Naturaleza… tienes que ir a Alaska.
  • El crucero de un día desde Seward hay que hacerlo sí o sí.
  • Llévate ropa de abrigo, aunque vayas en verano.
  • Una cámara con un buen zoom no te vendrá mal.

2. Segunda espapada: Otra de glaciares.

Segundo viaje. Nuestro objetivo es llegar al glaciar Matanuska. Para ello, esta vez tomamos rumbo norte. Allá vamos!

Al poco de salir, hacemos la primera parada: el delta del río Susitna. Nos pegamos un buen rato admirando el espectacular paisaje. De nuevo, ninguna persona en los alrededores, salvo nosotros.

Seguimos el cauce de este precioso río, y la verdad es que dan ganas de pararse a cada momento, ya que el paisaje es espectacular. Personas no se ven, pero lo que son animales…

río Susitna

No tardamos mucho en ver a lo lejos nuestro destino: el glaciar Matanuska. Desde la distancia no se aprecia su magnitud ni lo impresionante que es.

Alaska (557)

Por fin hemos llegado. Aparcamos el coche (más bien, lo dejamos junto a la carretera) y nos dirigimos al glaciar a patas. Poco a poco vamos viendo lo impresionante que es este glaciar.

Ahora os pongo una foto que os resultará un tanto extraña, pero que tiene dos razones:

1. Cuando estoy a gusto, feliz y disfrutando, me da por hacer el tonto.

2. ¿Creéis que llevo la ropa y calzado adecuado para estar andando sobre hielo? la respuesta es obvia.. NOOOO!!!

Glaciar Matanuska

De esto me doy cuenta rápidamente, ya que estoy apunto de darme un buen ostiazo en varias ocasiones. Además, tengo algo de frío, aunque conforme sigo andando, se me va pasando (la sensación de que me voy a pegar una piña de forma inminente, no desaparece).

Os pongo un montón de fotos ya que, como suelen decir, una imagen vale más que mil palabras…

Impresionante ¿verdad?

Conclusiones:

  • Si vas al “campo”, lleva la ropa y el calzado adecuado.
  • Si pasas por Anchorage, no dejes de visitar el glaciar Matanuska.

3. Tercera escapada: Una de animales.

Última de las escapadas. Una pena no haber tenido más días libres, pero así es la vida. Habrá que volver…

Hoy queremos visitar el Centro de Conservación de Vida Salvaje de Alaska. Este Centro se dedica a la conservación de varias especies, entre ellas osos, bisontes, alces, y muchas más. Aunque no es muy difícil verlos si pasas algún tiempo en el campo, aquí los puedes ver a todos juntos fácilmente.

De camino a este Centro, hicimos una parada en el Paso de Hatcher. Pasar por el puente de madera con el coche, fue toda una experiencia. Se nos ocurrió meter los pies en el río, y os puedo asegurar que el agua estaba muuuuuy fría.

Llegamos pronto al Centro. Yo pensaba que sería una especie de zoológico (ya sabéis que no me gustan), pero me alegró ver que no lo era para nada. Los animales se encontraban en un estado de semi libertad, disfrutando de enormes espacios. Me gustó poder ver animales que son poco comunes tan cerca. El tamaño de alguno de ellos me sorprendió, como el de los alces. No sabía que fueran tan grandes!

Tras este atracón de animales, seguimos camino para ver todo lo que podamos en nuestra última salida. Nos dirigimos hacia el Area Recreacional de Portage Valley. Allí hacemos un poco de senderismo por las montañas para llegar a otro glaciar. Nos lo pensamos un poco, ya que al comienzo del camino, vemos este cartel:

Alaska

Ante la idea de que un gran oso negro se encuentre deambulando por allí, nos tomamos el paseo con cierto nerviosismo. Sobre todo, teniendo en cuenta que, para variar, somos los únicos por allí (si no contamos el oso, claro).

Al final no vimos a ningún oso (no sabemos si nos vio el a nosotros), y pudimos disfrutar de un paseo muy agradable y ver otro glaciar más.


Conclusiones:

  • No es buena idea meter los pies en un rio en medio de la montaña en medio de Alaska. Puede que este “fresquita”.
  • Los enormes osos negros no suelen querer nada con las pequeñas personas españolas, así que no os preocupéis.

 

A todo esto… no os he contado que he comido durante estos días! Como os podréis imaginar, la comida dista “un poco” de lo que conocemos como dieta mediterránea, pero esta muy rica. Calorías a mogollón!

Resaltar entre todos ellos, el “King Crab”, el cangrejo rey. Como todo el Alaska, es enorme (y caro), pero tenía que probarlo.

Y esto es todo de mi periplo por Alaska. Poco tiempo disponible, pero muy bien aprovechado. Sin duda un lugar para volver, con más tiempo, ya que tiene muchísimo que ofrecer.

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