Fragoneting por Holanda

Fragoneting por Holanda

(09 al 14 de abril de 2007)

Hoy quiero hablaros de un viaje que recuerdo con mucho cariño. Fue uno de los muchos que hice con mi querida ¨fragoneta¨.

Mi fragoneta era una Open Sintra, que tenía tuneada para viajar por carretera. En la parte de atrás le había construido una cama, un armarito, un lugar para llevar mi bicicleta y un baúl donde llevaba un poco de todo. Una pena que ya no siga conmigo. Pasamos muy buenos momentos juntos.

 

Resulta que tenía unos días libres y pensé en pasarlos dando una vuelta por Holanda (en aquel entonces vivía en Alemania). Como es normal en mí, no me preparé mucho el viaje. Cargué la furgo, miré el mapa para ver por encima el camino a recorrer en seis días, y salí pitando.

En el siguiente mapa tenéis indicado el recorrido final que hice:

Holanda viaje

Primer día de viaje (¡Zas, en toda la boca!).

Mi primera parada fue en Kinderdirj. Ahí tuve la oportunidad de ver los famosos molinos que llevan el mismo nombre. Estos 19 molinos, dispuestos en dos líneas, se construyeron en el siglo XVIII como parte de un sistema más amplio dedicado a gestionar las aguas para evitar inundaciones. Hoy son todo un símbolo del país.

Como hacía un día muy bueno, saqué mi bicicleta de la furgo, y me dediqué a pasear por entre los molinos. Fue un paseo muy relajante aunque no acabó bien. Tras estar un buen rato pedaleando, volví a la furgo para continuar viaje. Al atar la bici dentro, se me escapó un pulpo con tal mala suerte de que me impactó en toda la boca. Si, ¡ZAS EN TODA LA BOCA!. Resultado: un diente roto y una raja en el labio que no dejaba de sangrar. Y acababa de comenzar el viaje!!!.

 

Menos mal que en el baúl de la furgo llevaba casi de todo, y en el botiquín tenía algunas pegatinas de plástico para coger puntos de sutura sin coser. Me puse dos como mejor pude, y tras un rato, conseguí que el labio dejara de sangrar. Eso sí, no fui capaz de encontrar el dichoso diente. Hoy en día lo tengo reconstruido y no se nota, y la cicatriz apenas tampoco (eso es que hice un buen trabajo).

Mientras sangraba y sangraba, pensé en volver y cancelar el viaje, ya que, creedme, sangraba mucho. Cuando vi que la herida comenzaba a cerrarse, decidí seguir, aunque tuve que estar un par de días sin poder sonreír y comiendo con mucho cuidado.

Como os contaba, tras mi paseíto matutino bajo el sol con la bici entre los magníficos molinos (en plan Don Quijote moderno), continúe viaje con rumbo norte.

Al rato, llegué a Rotterdam. Aparqué la furgo en una plaza por ahí escondida (el único sitio donde no había que pagar para aparcar que encontré), y me dediqué a andar por esta ciudad.

En pocas horas, pasé de un bucólico paisaje campestre, a una ciudad moderna llena de rascacielos. Paseando, paseando, llegué al “paseo de la fama”de Rotterdam. Una copia (cutre, todo sea dicho) del famoso de Hollywood.

 

La ciudad está atravesada por el río Mosa y hay varios imponentes puentes que lo cruzan. También pude ver edificios raros demasiado modernos para mi gusto. Como esto no es lo que estaba buscando en este viaje (paz y tranquilidad), no me quedé mucho.

 

Un ratito más de carretera y llegué a Gouda (si, donde los quesos jajaja). Estaba atardeciendo, y como suele pasar en estas latitudes, no había casi nadie por las calles y estaba casi todo cerrado. Entré en una de las pocas tiendas que quedaban abiertas para comprar un queso, y me puse a pasear un poco por el centro de la ciudad. Hacía un poquito de frio solo ;).

Se hacía de noche, y como no, no tenía ningún sitio donde dormir reservado. ¿Problema? Claro que no! Para qué tengo mi maravillosa furgo? No lo dije antes, pero la cama no era un colchón ahí guarro y ya está. No señor. Yo tenía una camita de 90 montada detrás, con su almohada y su edredón nórdico. Y en el armarito, entre otras cosas, llevaba un pijama de franela. ¿Quién dijo frio? El hecho de que los cristales estuvieran tintados, ayudaba a mantener un poco de intimidad.

Mi hotel de 5 estrellas fue una gasolinera a las afueras de Gouda, dirección a La Haya, que sería mi primer destino para el día siguiente.

Y sin más, tapadito y calentito en mi furgo, con medio diente menos y una herida medio cicatrizada en el labio, se acaba este día. Ha dado para mucho, y eso me hace feliz. Mañana, más.

Conclusiones:

  • Cuidado con los pulpos elásticos, que los carga el diablo.
  • Lleva siempre algo de primeros auxilios en los viajes, por lo que pueda pasar.
  • El queso de Gouda tiene mucha fama, pero donde se ponga un buen manchego…
  • Si se puede dormir como un señor… ¿por qué no hacerlo?

Segundo día de viaje: Los viajes de Gulliver.

Tras levantarme y asearme un poco en la gasolinera, mi furgo y yo continuamos viaje. A todo esto, las comidas las hacia también en carretera, ya que me había asegurado de llevar suficientes viandas por lo que pudiera pasar.

Salí rumbo a La Haya a donde llegué pronto, ya que no me había quedado muy lejos. A primera hora de la mañana ya estaba paseando por sus calles. Una de las cosas que había visto antes de salir y que quería ver en este viaje, se encontraba en esta ciudad: Madurodam.

Se trata de un parque en miniatura de un pueblo típico holandés en el que puedes ver lugares y monumentos típicos de Holanda. Es como visitar todo el país, paseando un rato.

Lo primero que hice al llegar a La Haya fue darme un paseo por sus calles, para ver que me transmitían y, aunque sigue siendo una ciudad moderna (es la tercera ciudad más grande del país y sede del gobierno de los países bajos), me gustó mucho más que Rotterdam. La mayoría de los edificios eran de pocas plantas, antiguos, señoriales. Las calles, largas y amplias. Lagos y canales por doquier. Un bonito lugar para pasear y relajarse.

Tras el corto paseo, me fui al parque de Madurodam. Como veis en las fotos, las maquetas están muy trabajadas, son una maravilla. Estuve más de una hora sintiéndome como Gulliver en el país de los liliputienses.

El pase de diapositivas requiere JavaScript.

Al salir, vi que justo al lado había un cartel que indicaba: “Magic Ice Zoo”. Había que verlo, ¿no?

Antes de entrar me dieron un abrigo bien grueso, cosa que luego agradecí. Se trataba de un parque zoológico en el que todos los animales estaban hechos de hielo. Una pasada. Me quedé un buen rato admirando las esculturas tan bien realizadas, hasta que el frio me hizo desistir y salir al exterior.

El pase de diapositivas requiere JavaScript.

Al final, entre una cosa y otra, ya era la hora de comer. Bocata en la furgo y a seguir viaje. Ahora tocaba… playa!

Si, playa, pero no playa española. Playa holandesa y en abril. Pero bueno, quería ver el lugar al que los holandeses iban en verano a bañarse (me refiero a los que no se van a España, claro). Me refiero a Scheweningen.

La playa en si no estaba mal, la verdad, pero el tiempo no acompañaba para nada. Hacía mucho fresquito. Me sorprendió los “chiringuitos” que tenían montados por todo el paseo marítimo, muy hippies, y con muy buena pinta. Me imaginé lo bien que se tenía que estar en verano tirado en uno de ellos, comiendo una buena… paellita no creo, otra cosa habrá que se coman ahí. El caso es que me gustaron mucho.

Como no estaba la cosa como para bañarse, me monte en la furgo y continué camino.

Mi siguiente parada fue la ciudad de Leiden. Además de tener un centro histórico en muy buen estado, esta ciudad puede presumir de tener la calle comercial más larga del país: la Haarlemmerstraat, con casi un kilómetro de largo. Dediqué el resto de la tarde a pasear por sus callecitas y a disfrutar de ellas.

 

Cuando empezaba a anochecer, cogí la furgo y salí en busca de otra gasolinera donde pasar la noche. Paré en una cerca de Lisse (ahora os cuento la razón), y que, además, tenía duchas. Después de dos días en carretera, ya tocaba. Tras ducharme y cenar, me puse mi pijamita y a dormir.

Conclusiones:

  • Si quieres ver lo más representativo de Holanda en un par de horas (a escala, eso sí), visita Madurodam.
  • Como las playas españolas, pocas.

Tercer día de viaje: tulipanes por doquier.

Amaneció un día soleado. Me alegré que fuera así, ya que hoy tenía intención de ir a ver uno de los lugares que habían motivado este viaje: Keukenhof.

Se trata de un enorme parque de flores, tulipanes especialmente. Debido a que los tulipanes florecen de mediados de marzo hasta finales de mayo, solo abre en estas fechas. Había visto fotos, y después de visitarlo puedo decir que no me defraudó. Todo lo contrario.

Es increíble la cantidad de colores y olores que encuentras. El parque está dividido en varias zonas, y te puede llevar todo un día visitarlo, si vas con prisa. Yo, fiel a mi estilo, me dediqué a pasear tranquilamente, por donde me iba apeteciendo.

Da igual por donde vayas, las flores lo llenan todo. En algunos lugares son simples macetas, en otros, son recreaciones de cuadros famosos realizadas con tulipanes. En otra zona puedes ver extensos campos donde cultivan estas flores.

Como había dormido muy cerca, llegué muy temprano, cuando apenas había nadie, y pude disfrutar de la tranquilidad y de la belleza del parque. Ya cuando me iba, había muchísima gente y demasiado ruido y prisas para mi gusto.

Al final estuve casi tres horas en el parque, paseando y descansando. Es algo que hay que ver al menos una vez en la vida.

Tras dejar atrás Keukenhof, continué rumbo norte hasta Haarlem. En esta bonita ciudad, estuve un buen rato paseando y admirando sus antiguos edificios de ladrillo rojo y piedra, y sus canales. Tras comer algo, seguí camino.

Tras estos días en carretera, esta noche dormiría en un hotel. Mi destino final del día era la capital, Ámsterdam, donde pasaría un par de días.

Llegué pronto, así que tras instalarme en el hotel y dejar la furgo en el aparcamiento del mismo, me abrigue un poco y me fui a dar un paseo.

La ciudad, situada a la orilla del río Amstel (si, como la cerveza) tiene uno de los centros históricos más grandes de Europa. Esta atravesada por multitud de canales, y hay más bicicletas que personas.

Estuve varias horas paseando por el centro, por sus canales, disfrutando del ambiente de las calles. No me pareció la típica ciudad del norte de Europa, en la que no ves a casi nadie por las calles cuando ya empieza a anochecer. Aquí pasa todo lo contrario. Las calles se llenan de gente que sale a disfrutar de su ciudad, por mucho frío que haya.

Cuando comenzaba a anochecer me decidí a dar un paseo en barco por los canales. Fue interesante ver la ciudad desde otra perspectiva. Te das cuenta de que la ciudad vive gracias a los canales, y está construida por y para ellos. Mucha gente vive de hecho en casas flotantes, y hay multitud de barcos moviéndose a todas horas de un lado para otro.

Tras el paseo en barco, volví al hotel para descansar y coger fuerzas para el siguiente día.

Conclusiones:

  • Merece la pena visitar Keukenhof. Creo que es de las cosas más bonitas que puedes ver en Holanda.
  • Amsterdam hay que vivirla, andarla, conocerla. Te podrán contar mil cosas de ella, pero sin duda nada comparado a la experiencia de verla por ti mismo.

Cuarto día de viaje: museos y más museos.

Mi segundo día en Ámsterdam quería visitar algunos museos. Tras desayunar, salí a pasear rumbo al que sería mi primer destino: el Rijksmuseum.

Este museo está dedicado al arte, la historia y la artesanía. Posee la más famosa colección de pinturas del Siglo de Oro holandés así como una rica colección de arte asiático y egipcio. Alberga obras importantes de casi todos los grandes maestros holandeses de los siglos XV al XVII.

Con todo lo que había que ver, estuve más de tres horas en el interior. No he estudiado arte ni soy un entendido, pero tengo que reconocer que muchas de las obras que alberga este museo me transmitieron muchos sentimientos.

Como no había tenido suficiente, mi próxima parada fue el museo Van Gogh. Situado dentro de un edificio moderno (demasiado, para mi gusto), contiene muchas de las obras de este pintor. Alquilé una audio guía y me dediqué a contemplar los cuadros más importantes y representativos, ya que dentro había una cola inmensa que había que seguir si querías verlos todos. Así que me dediqué a saltar de uno a otro, oyendo atentamente lo que la audio guía me iba contando.

Museo Van Gogh

Aun así, estuve otro buen rato viendo cuadros. Tras salir, continué paseando por la ciudad, y oh casualidad, pase delante de un restaurante japonés (me encanta la comida japonesa), así que entré y degusté un poco de sushi.

Sushi Ámsterdam

El resto del día lo emplee en seguir paseando por las calles de la ciudad, observando y disfrutando la vida que tiene la misma. Y con otro gran paseo, acabó este día, y mi estancia en Ámsterdam. Al día siguiente continuaría viaje hacia el norte.

El pase de diapositivas requiere JavaScript.

Conclusiones:

  • Aunque no seas un fanático del arte, ver museos siempre enriquece, sobre todo cuando se trata de museos en los que puedes ver cuadros de pintores mundialmente famosos, y los holandeses lo son.

Quinto día de viaje: una de quesos.

Tras dos días en hotel, ya tenía ganas de volver a la carretera con mi furgo. Salimos temprano, rumbo norte, y la primera parada fue en Alkmaar.

Aquí tuve la oportunidad de ver el mercado del queso. Suerte, ya que solo es los viernes. En la plaza central, los fabricantes de queso exponen sus productos, y los llevan a pesar para su posterior venta. Es un espectáculo ver como los van transportando, a la “antigua usanza”.

No pude por más que comprar más queso, de la zona eso sí. Aquí no vendían ni gouda ni Edam, los más típicos del país. La señorita que me lo vendió, tuvo a bien que le sacara una foto. Muy guapa ella, como podéis ver.

Alkmaar

Tras finalizar el mercado del queso, di un pequeño paseo y continué viaje, hacia una de las grandes obras de ingeniería que ha construido el ser humano: el Afsluitdijk, el dique que evita que Holanda desaparezca bajo las aguas del mar.

Es impresionante ver cómo han podido construir un dique de tales dimensiones (32 km de largo y 90 m de ancho). Debieron de echar un par de camiones de tierra para hacerlo ;).

Tras detenerme en la mitad del dique a hacer unas fotos y contemplar como el nivel del mar es más alto en un lado que en el otro, continué viaje.

Al poco de atravesar el dique, llegué a la ciudad de Leeuwarden (donde se localiza una de las bases aéreas más importantes de Holanda). Me dediqué, para variar, a perderme por sus calles durante un buen rato y luego volví a la carretera.

Mi última parada del día sería Groningen, la ciudad más al norte en la que iba a estar. Dediqué lo que quedaba de día a pasear por la zona antigua y por su plaza central, en la que habían puesto un mercadillo, de esos que tanto me gustan. Me encanta recorrerlos y ver qué productos venden en cada lugar. Me resulta imposible no acabar comprando cosas allí por donde voy. Recuerdos especiales que tengo en casa y que me recordarán por siempre los lugares que he visitado.

Como el resto de ciudades holandesas que había visitado, las calles estaban llenas de gente, paseando, o sentados en las distintas terrazas disfrutando de una cerveza o de la cena. Yo aproveche para hacer lo mismo. “Donde fueras, haz lo que vieras”, ¿no?

Esta noche también la pasé en mi querida furgo.

Conclusiones:

  • Sigo quedándome con el queso español.
  • Si quieres conocer muchas cosas de un lugar y de sus gentes… visita sus mercadillos!

Sexto día de viaje: y último!

El viaje se acababa. Era el último día y debía volver a mi casa. Para ello tenía que atravesar Holanda de norte a sur, pero aun tenía tiempo para hacer alguna parada que otra.

La primera de ellas fue en las cercanías de Muider, donde pude contemplar su castillo, algunas fortalezas pequeñas y un bonito puerto deportivo.

Tras un rato deleitándome con el paisaje, tocó volver a la carretera, siempre rumbo sur.

La siguiente parada fue en el castillo de Haar (en Haarzuilens). Este castillo parece sacado de alguna película de fantasía, o haber sido tomado como referencia para diseñar el castillo de playmobil. Dediqué un buen rato a pasear por sus jardines y a disfrutar de la paz y la tranquilidad existentes. Quiso el azar que me encontrara allí con unos muy buenos amigos españoles que, casualidad, también habían venido a visitar el castillo, por lo que los estuve acompañando un buen rato.

El pase de diapositivas requiere JavaScript.

Tras despedirme de ellos, me dirigí hacia la que sería mi última parada: Utrech.

Otra bonita ciudad Holandesa, llena de canales, edificios de ladrillo rojo, y mucha vida en sus calles.

Dediqué lo que me quedaba de tarde para pasear por su casco antiguo. Me gustó especialmente la Catedral de San Martín, de estilo gótico, y que recuerda mucho a alguna famosilla que hay en París ;).

El pase de diapositivas requiere JavaScript.

Se hacía tarde y aun había que volver a casa, así que me despedí de Holanda (aunque fue más bien un hasta luego, ya que he vuelto a visitarla en muchas ocasiones), y yo y mi furgo salimos dirección al país vecino.

Conclusiones:

  • Pese a ser un país pequeño, hay mucho que ver. Un viaje de una semana como toma de contacto y para ver un poco de todo, está bien. No obstante, y tal y como hice a posteriori, hay lugares y ciudades que bien merecen un viaje para ellos solos.

4 comentarios sobre “Fragoneting por Holanda

  1. Osti….lo del diente….vaya putada…..me recuerda en cíerta manera a resacon en las vegas. Se que es un dolor terrible pero no he podido evitar la carcajada.

    Me gusta

    1. Yo también me rio ahora. La verdad es que no sentí dolor por el diente. Por el labio, si, aunque fue más por la cantidad de sangre que otra cosa. En realidad no era nada, una simple raja que curo en unos días. El problema es que fuera al comenzar el viaje. Entre que me lo curaba y pensaba si seguir, o no, me pase un buen rato.

      Me gusta

  2. Guau primo que bonito escribes y que experiencias sin contar con lo del diente jeje!! Espectacular!! Me he enamorado de tu arte!!

    Me gusta

    1. Muchas gracias prima. Lo del diente fue parte del viaje, otra experiencia más. Aprendí a comer y masticar sin casi abrir la boca jajaja. Para esto el queso tierno que compraba venía muy bien. Haberse comido un bocata chorizo de los buenos habría estado más complicado ;).

      Me gusta

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s